sábado, 24 de diciembre de 2011

Adiós

<<Adiós>> Porque no se puede decir nada más, porque como bien dijo, ya es bastante difícil de decir esto como para añadirle suplementos. Porque una parte de ti sabe que es lo correcto, pero ¿y si se está equivocando esa parte? ¿Si no es lo mejor? Porque luego viene tu otra mitad, tu “¡¿qué coño haces tonta?!”. Y ahí te quedas. Sin saber qué hacer, sin saber qué decir, pero sin vuelta atrás. Ya lo hiciste y se acabó. Pero hay momentos en la vida en los que hay que aparcar el corazón, porque tienes que coger aire, cerrar los ojos, y moverte con la cabeza. Porque esta es la edad del olvido y la superación. Porque no importa sufrir un daño, por evitar uno mayor… O no.


miércoles, 21 de diciembre de 2011

Y no sé



Y no sé qué coño fue lo que le vi. Quizá fue como me sentí, sí, quizás como me hizo sentir. Porque la verdad, seamos claros, no tenía nada por lo que destacar, no tenía nada que brillase en él. Pero cuando estaba conmigo… yo sí brillaba a su lado, me hacía brillar.

Y nos dijimos cosas muy feas. La verdad es que lo echamos todo a perder. Continuamente. Nos rompimos por todos los lados. Nos quemamos con cada beso. No sé, nos desgastamos. Y como todo, pasó a ratos. Tan pronto lo vimos como se nos escapó volando. Tan pronto estábamos como no lo hacíamos. Y no sé, nunca me ha costado tanto.

Nunca había deseado con estas ganas olvidar a nadie. Nunca había odiado de tal manera, ni había llorado hasta sentir como ardían mis retinas. Nunca me había sentido tan desnuda ni me había visto tan por dentro. Ya sabes. Jodida y destrozada, como todos cuando nos quedamos a solas con nosotros mismos, cuando buscamos y no encontramos eso. Y no sé, nunca me ha dolido tanto.

Nunca habíamos llegado al final de este puto tormento. Nunca habíamos visto la famosa lucecilla, ni habíamos dejado de girar porque ya no quedaba cuerda, ni habíamos cumplido con nuestra jodida promesa. Nunca nos habíamos dicho adiós de verdad, nunca habíamos ido acorde con nuestros deseos… hasta este preciso momento.

Hasta nunca decimos, hasta nunca al mismo ritmo y sin peros; porque esta vez estamos cansados, porque esta noche ya no hay tequieros.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Son mi oxigeno, mi carbono y mi puta tabla periódica entera.



Que a mí la vida me ha dado bien fuerte y por todos los lados. Que han ayudado ellos, incluso yo misma. Que también he pensado ¿tan hija de puta soy? Y me he sentido una mierda. Que me he vendido en muchas ocasiones por cuatro duros, por decirlo de alguna manera. Que me he topado con las personas equivocadas, o las he visto de una manera que no debería. Que me han jodido y, sobre todo, he jodido. Que he llegado a plantearme si todo lo que toco se pudre tanto o más de lo que lo hacía yo por dentro. Y que la verdad, nada ha sido fácil. Porque hace un año justo, estaba pasando el peor día de mi vida. Pero este… este me he dado cuenta de que tengo una suerte loca. Que aunque las pase putas muchas veces, eso merece la pena si voy a terminar año tras año de esta manera. Porque eso significa que estoy viva, y ellos están conmigo. Porque la verdad, son mi oxígeno, mi carbono y mi puta tabla periódica entera. Porque ¡joder! Son las mejores, y él… él siempre será él aunque guste y duela. Porque ¿qué más se puede pedir teniéndoles a ellos? Que sí, que ya lo sé. Que no tengo una familia idílica y no soy la tía más perfecta que se merece lo que tiene. Pero tengo unas amigas que son mucho más que eso, que esa palabra se les queda corta, y una familia que si fuera como la de las películas no sería tan imprescindible como esta. Así que sí, no necesito nada más, porque estoy completa, porque si no me lleno yo, ya me rellenan ellas.

martes, 13 de diciembre de 2011

Y lo he sentido




Y entiendo que ya no pienses en mí, que en tu camino te hayas tropezado con otra piedra y estés centrado en ella. Que tu error ya no soy yo. Que tu centro de atención, no sigo siendo yo.

Pero hoy he vuelto a recordar esos momentos tirados en el suelo mientras nos reíamos por nada, o tumbados en el sofá viendo esas películas tan malas. Y lo he sentido. Lo que solo una persona había conseguido hacerme sentir antes, lo que solo alguien así podría hacerme sentir. ¡No! Miento, no alguien así, sino unos pensamientos así. Sí, eso es. De esos que mueven algo, de esos que te llenan de un todo y un nada, de esos que te terminan empachando, ¡de tanto vacío! De esos que sacan lo peor de ti, lo más oscuro, pero también lo mejor; como esas caricias.

Y lo he sentido. Ese tremendo abismo en mi pecho, como si fuera un precipicio. Tanto que me hacía sentir que me dolía el cuerpo entero de puro vértigo, todo me flaqueaba, incluso la lengua. Un dolor punzante y que parece ser hasta físico, pero todos sabemos que es más de dentro, de donde realmente duelen las cosas, del alma. Un dolor agudo y horrible. Un dolor insoportable porque en realidad no es más que nada. Es sentir como tus venas están formadas por una dura oquedad y solo eres piel. Porque dentro hay un vacío, inexistente, pero vacío. Es un no sé qué y qué sé yo, que ni te imaginas.

Pero siempre ganan. Las ganas de volver a sentirlo ganan. Porque es doloroso, pero es un dolor que de cierta manera gusta. Ya sabes “sarna con gusto, no pica”. Y este dolor si se basa en ti, casi ni duele. Aunque no haya vuelta atrás, aunque no haya forma de evitarlo; ya que los dos sabemos que no sabes ser amigo mío, porque, admitámoslo, ¡no sabes!

lunes, 12 de diciembre de 2011

Tú, que hacías alarde




Tú, que lo dabas todo por tus amistades.
Tú, que alardeabas de fidelidad, de marcar la diferencia.
Tú, que te enfadabas si te encontraban el más mínimo parecido con los demás.
Tú, que jurabas no decepcionar a nadie, mucho menos a esa "querida compañía".
Tú, que moverías cielo y Tierra por esa sonrisa.
Tú, que predicabas tu cariño, tu devoción, tu obsesión por esa persona, tu "todo", que asegurabas que era una de los mejores seres con los que podrías haberte cruzado en la vida.
Tú, que intentabas destacar y realmente no ser igual, nunca.
Tú, que te ofendías nada más que porque se planteaban tu sinceridad.
Tú, que te dolías una barbaridad si decían que esa persona no era la orna para tu zapato, que tarde o temprano no estarías.
Tú, que reprochabas cada una de las palabras que creías que iban en contra de tus sentimientos, en contra de tu moral, en contra de lo que creías que serías capaz de hacer.

Tú, que le fallaste a la primera de cambio; quizás por impotencia, quizás por no saber, quizás por cobardía; pero que al fin y al cabo, fallaste.
Tú, que te vendiste por cuatro palabras bien dichas en el momento oportuno, que demostraste ser igual.
Tú, que de pronto hiciste algo doloroso, que la defraudaste.
Tú, que te quedaste quieto mientras se apagaba, y lloraba, lloraba para dentro.
Tú, que incluso luchaste en su contra, demostrando odio.
Tú, que repetiste los mismos errores una y otra vez, cayendo en redundancias.
Tú, que mentiste.
Tú, que te fuiste con otras manos, con otros labios de palabras totalmente contrarias.
Tú, que te echaste tierra sobre tu tejado, que cavaste tu propia tumba, que intentaste luchar contra lo invencible, en una batalla imposible, que te enfrentaste a ti mismo.
Tú, que "tu querida compañía" no sabe dónde estás.

lunes, 5 de diciembre de 2011

El dolor




Antes me tapaba para que el dolor de los demás no me alcanzase, ahora le tapo a él, para que los demás no lo vean.

Dos caras



Son como esas monedas con taras. De esas que sin darte cuenta, tienen dos caras. Porque te miran y tienen una mirada bien sincera, pero las manos cargadas de puñales.

- Oye, ¿tienes novio?




+No.
- ¿Por qué?
+ Porque no encuentro al chico que me quiera. ¿Y tú? ¿Tienes novia?
- No.
+ ¿Por qué?
- Porque aunque me tienes delante no me encuentras.

domingo, 4 de diciembre de 2011

En los dos lados




En la vida está el lado bueno y el lado malo. Es decir, el lado que nos conviene y el lado que no tanto. El lado que les gustaría que adoptásemos y el lado que nadie querría pisar para ir a visitarnos. El lado que supuestamente nos proporcionará la buena vida y el lado que nos joderá del todo. El lado al que deberíamos supeditarnos y el lado que nos tienta a cada rato. El lado que nos ilusiona con un sucedáneo de la felicidad deseada y el lado que nos induce al equívoco. El lado meramente casto y el lado en el que nos rodea una consecución de caracteres adulterados. Y todos pasamos por ambos lados, aunque sea rozando.

Incluso por el más degradado y corrompido. Un lado en el que nada se concede gratis. Que te hace hostiarte contra la cruda realidad. Que te muestra la cara más jodida de esa sensación de falso entusiasmo, de patético buen rollito, de ficticios te quiero. El lado que puede llevarnos hasta prostituir nuestra propia alma. El lado en el que deseamos una felicidad intrincada y que constantemente nos esquiva. Un lado en el que nos prestamos a los vicios, a los placeres sectarios que nos arrollan a una espiral de sin razones. Un lado que nos conduce a la autodestrucción y nos vende una belleza vacía puramente superficial. Un lado en el que nuestro cuerpo y mente están atrapados en las adicciones más salvajes.

Pero, ¿Y qué pasa cuando solo existimos en ese lado?

Un lado donde tenemos una vida que no es intermitente. Una vida que te aleja de la evasión, de una huida artificial. Que te introduce en lo más profundo de tu infierno. Que se cierra sobre ti. Que te empuja con una fuerza animal o abismal. Terrible, brutal, inexorable. Una vida con ideales inalcanzables, pero real. Donde existimos, donde superamos nuestros problemas y vivimos, aunque sea de una imitación. Una vida que se termina convirtiendo en la única salida. Una vida que a pesar de ser jodida, ¡es vida! Y quieras que no, a veces, esto compensa. Y es que tanto rollo con el infierno, que nadie le ve lo bueno.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Nada



De todo prefiero nada. Porque quien tiene todo, pierde el doble. Porque quien no espera nada, siempre gana.

El peor día del año




Tose antes de mirar su pañuelo ensangrentado; da una última calada a su cigarro mal fumado.

Llora tirada en el suelo del baño; rememora en su cabeza esa frase que no se borrará en años.

Esnifa rayas de algo con poca calidad; ojea fotos con fechas de caducidad.

Se calienta las manos frente a una estufa recién prendida; se cura sin algodón ni Betadine alguna que otra herida.

Mira por las ventanas el suelo mojado; piensa en lo que hubiera pasado.

Escucha canciones tumbado sobre la hierba; no para de caer en cuenta de que su vida es una m*****.


Y todos sin saber que en el fondo están conectados. Que aunque parezca mentira, no hay corazones de hielo. Que no hay nada más reconfortante que perder el miedo. Que no hay problemas que duren mil años. Que no todo en la vida son días buenos. Que muchos sabemos lo que es sentir que nos rompemos. Que también hemos experimentado el espejismo de estar en el cielo. Que el minutero puede pasar como si necesitase ser empujado algunos días. Que en pocas horas se nos puede ir la vida. Que no todos sufrimos por las mismas cosas. Que no hay espinas sin rosas. Que el dolor no viene si no es provocado por algo. Que por más que corramos, no siempre estamos a salvo.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Y lo haré



Es normal que algunas veces al pensar en ti sienta ese gran vacío, porque existe la nostalgia por ese recuerdo que jamás se olvida, aunque nunca lo hayas vivido, ya que a pesar de echar de menos algo, no siempre ese algo a formado parte de tu vida, al menos no de forma directa; como tú. Pero hoy me he prometido no llorar, hoy me juré tatuarme esa estúpida sonrisa en la cara cada vez que te vea, por el bien de los dos. A pesar de no saber realmente si quiero hacerlo, no sé si quiero verte. Hoy, prefiero intentar parecerme a ti (porque esa ha sido siempre mi función, supongo), intentar parecer fuerte, porque aunque no te lo creas, yo sé que no lo eres. Hoy procuré sentirme bien al recordar tu nombre, porque no sé qué es lo que quieres que sea, pero estoy segura de que no te lo oiré decir, tampoco me dirás que sea alguien importante, buena, cariñosa; no eres el mejor ejemplo; pero aún así siempre intentaré que te sientas orgulloso.

Gran día



Ya me cansé de verdades a medias, y mentiras enormes. También me cansé de ver ciertas caras todos los días y fingir que estoy de puta madre, y de estar como una mierda cuando no las veo. Me cansé de que me hierva la sangre al oír ciertas cosas, y de que me tome demasiado bien otras. De no ser perfecta, de quejarme por ello. De no perdonarle, de querer hacerlo. Me cansé de ilusionarme con estúpidas promesas, de no creerme cosas sinceras. Me cansé de no entender por qué coño me quieren joder, y de decir que me da igual cuando podría escuchar una explicación. Me cansé de ser pura indecisión, y de estar demasiado segura otras veces. Me cansé de dejarme llevar por las opiniones ajenas, y de no poder ser manejada por alguien cuando quiero. Me cansé de oír que llamará, y de esperar como una idiota esa maldita llamada. Me cansé de quejarme de la vida y de todos estos putos días. Porque hoy es un gran día, un gran día de mierda.

Echo de menos



Echo de menos que seas lo primero que vea cada mañana al despertar; echo de menos esas tardes en las que nos contábamos todo, bueno no sé si es lo que a mí me gustaría o es que realmente pasaron; echo de menos el poder ser tu amiga, que de esto sí que sé que no lo he sido nunca, pero me hubiese encantado; echo de menos poder ver tu sonrisa siempre que quiera y que confíes en nosotros; echo de menos las buenas palabras sustituyendo los reproches; echo de menos el abrir puertas en vez de cerrarlas de un portazo; echo de menos un abrazo, de los que solo eres capaz de darme tú, y el único que necesito ahora, porque ni mil brazos que me toquen pueden hacerme olvidar los tuyos; echo de menos un te quiero, no porque sean estúpidas palabras que al fin y al cabo no dicen nada, ni porque no lo sepa ya, que lo sé, sino para sentirnos un poco más cerca; echo de menos el miedo a borrar esa canción que sé que me enseñaste tú porque quizás con ella te borre a ti; echo de menos que me necesites como hacías antes; echo de menos sentirme completamente llena contigo en mi vida; echo de menos las risas en el salón de esa gran casa, solas; echo de menos las miradas en secreto, y todas esas cosas que solo tú y yo sabemos que han pasado y que me alegro de poder compartirlas contigo, de tener algo que siempre nos una; echo de menos decirte que si te vas me muero, y no es mentira; echo de menos poder ayudarte siempre; echo de menos que me busques o despertarte por las noches con miedo; echo de menos que lloremos de risa en vez de por esta quemazón que duele tanto, aquí dentro; echo de menos que me eches de menos; te echo de menos a ti, pero no quieres volver.

Echar de menos



Sentir la ausencia y el vacío; ver un hueco, que aunque antes ya era inexistente, ahora te parece horriblemente necesario; mirar cómo pasan las horas ante ti, y tú sigues ahí, sentado esperando a que vuelva, o simplemente llorando porque nunca lo hará; pensar en esas palabras que antes te decía, y ahora no volverás a oír, no de la misma manera, no con el mismo tacto, ni con las mismas ganas, ni con el mismo efecto; recordar aquellas “mariposas” llamadas felicidad que te recorrían entero, de pies a cabeza, sin darte tregua; volver a memorar aquella sonrisa estúpida, pero preciosa, aún si ha sido la más falsa; ver un coche, un mismo movimiento de pelo, la misma sonrisa... y girarte para seguirla; notar el choque del pasado con el presente, recuerdo tras recuerdo, momento tras momento, mirada tras mirada, abrazo tras abrazo; ausencia y más ausencia… Es ver como se te escapa de las manos algo que ni siquiera has tenido.

El mejor



Puedo tenerle miedo a miles de cosas, pero hoy, hoy no he temido a ninguna de ellas; ni la soledad, ni el dolor, ni la oscuridad, ni la muerte, ni la vida. Pero ha llegado el momento que siempre me ha asustado, ahora me he dado cuenta, hace tan solo unos minutos, que te temo a ti. Temo olvidarte, porque eres peor que cualquier otro miedo, tienes poder sobre mí, el suficiente como para hacerme daño, y a la vez quiero “sufrir” por ti. Pero no quiero olvidar quién fuiste, quien eres, ni los escasos momentos que hemos tenido, fechas, lugares, palabras; no quiero dejar de recordarte nunca, porque también sé que no podré dejar de hacerlo. No quiero olvidarme de todos esos recuerdos inexistentes, ya que si los olvido, me olvidaré de todo el daño que me has hecho, y eso no está bien. Tampoco es bueno ser rencorosos, pero tenemos que hallar el equilibrio perfecto y si nos quedamos solo con lo bueno todo sería demasiado irreal, o deprimente, dado que bueno tenemos poco. Y ya no importa dónde estés, si lejos o cerca, no importa verte o no, sólo quiero que no te vayas, quiero sentir que no me has dejado atrás; quiero que, aún si necesidad de hablar, me enseñes a parecerme un poquito más a ti, igual de fría. Y es que no tengo miedo a dejar de verte, tengo miedo a olvidar que durante años te he visto. No tengo miedo a no vivir cerca de ti, tengo miedo a olvidar lo que se sentía cuando lo hacía. No tengo miedo a no volverte a ver sonreír más, tengo miedo a olvidarme de tu risa. No tengo miedo a no volver a sentir tus brazos, tengo miedo de olvidarme de ese calor. No tengo miedo a estar sola, tengo miedo a olvidar que era tu compañía. Hoy no quiero olvidar. Hoy el pasado es el presente. Hoy no “fuiste”, hoy eres la mayor dificultad con la que me he topado en la vida. Ríe, desde donde quiera que estés, no dejes nunca de hacerlo, no dejes de tener esas ansias de dureza, esas ganas de, aún cerca del final, querer ser el mejor.
Porque al fin lo has conseguido. Eres mi mejor dolor, amigo

Las cosas



no valen con demostrarlas un segundo, ni siquiera valen cuando se demuestran un largo período de tiempo. Las cosas hay que demostrarlas en los momentos oportunos y con las personas apropiadas, no sólo cuando es conveniente, porque eso desgasta. No vale con que llores (lágrimas falsas, al fin y al cabo, si fuesen sinceras no se llorarían en esos únicos instantes), tampoco con que jures (juramentos sin peso alguno, carentes de sentido), ni supliques (no debes rogar cosas que realmente no vas a querer). Porque comportarse como te comportas es de caprichosas, porque no se puede querer un día algo y al día siguiente dejarlo, no se puede pedir el cielo si después ni siquiera te vas a dignar a visitarlo, no se puede decir mil promesas que están fuera de tu alcance, no, no se puede. No te puedes arrimar al Sol que más calienta, porque si no sabes cómo actuar te terminas quemando. Todo el mundo tiene su tiempo y así lo desperdicias.


No grites, no llores, no supliques, no crees imposibles, no te detengas, tampoco corras, no te desgastes, ni reposes, no te asustes, no te tranquilices, no te conformes, no repliques. No, no lo hagas. No te construyas tu propia cárcel, no te lastimes precipitándote continuamente al mismo vacío, no crees crucigramas de los que no tienen respuesta, no pienses que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero tampoco vivas pensando en un futuro lejano. No, no hagas nada de lo que te vayas a arrepentir.

¿Que por qué te quiero?



Te quiero por esa canción, que no se si eres capaz de sentir cada una de sus palabras, pero me encanta; te quiero por tu habitación y los recuerdos que guarda; te quiero por los mensajes en desconectado que me dejabas a las tantas de la madrugada; por las palabras que intentan ser sinceras y suenan hirientes, desesperadas; por los abrazos; porque en todo momento me haces sentir guapa. Te quiero porque eres grande, aunque a veces te comportes como un niño, demasiado pequeño; te quiero por tus mentiras; porque la cagas casi siempre y no sé como lo haces pero te perdono; te quiero porque me desquicias, eres cabezón y casi siempre crees tener la razón, aunque te equivocas a menudo. Te quiero porque eres tú, y eres un gran amigo; porque puedo acudir a ti en todo momento que no tardas ni un minuto en venir; porque estás siempre disponible; y porque discutimos muy seguido pero siempre termina en una reconciliación. Te quiero porque no confío en tus palabras casi nunca, pero aún así sigues ahí. Te quiero porque <<No quiero que este momento termine jamás. Donde todo significa nada, sin ti>>, ¿no?

Será nuestro



Unos taburetes aruñados, una pared repleta de camisas, unas canas y un Gin Tonic. Unas lágrimas en un descampado, un cuartel de policía, una carrera detrás de otra persona y unas pocas palabras. Una tarde atípica, un puñado de risas, una hora de retraso y un par de ojos casi negro carbón. Un tres en raya en un baldosín del suelo, un pilla-pilla que conduce a un beso, unas manos de colores pegadas a la pared y una fila por orden de lista para entrar dentro. Una frase de película, una estrella para cada gracias, una canción que hace llorar y una noche entera juntas. Un todas para una, un día de playa, un perdón y demasiadas tonterías. A veces puedes llegar a echar de menos tantas cosas. Personas o momentos. Él, una amiga que se va, otra que ya no quiere estar, ocho años, una noche, y una quedada. Cosas que duelen por su ausencia, y otras que proporcionan orgullo por haber sabido conservarlas.
Las palabras que nunca me llegará a decir, las tantas otras que él no querrá oír. Los te quiero que se extraviaron en el camino. El saber que siempre será una parte de mí, que es ley de vida, pero que se la pasó por los santísimos. Que no se dé cuenta de que estoy cambiando, de que he madurado y de que le necesito porque no tiene tiempo para verme. Que duela no saber de él, pero tener todos los medios necesarios para encontrarle. Querer pedirle que me devuelva mi vida, mis lágrimas y mis risas, ese hueco en mi cabeza y sobre todo, mi tiempo.
Rogarle que vuelva, decirle que la extraño y siento que ha cambiado, como todos. Que me gustaría saber que es de su vida, que hace, que sufre y que la hace vivir, disfrutar. Que deseo que me cuente como es todo ahora sin mi ayuda, si ha sido fácil seguir adelante, si ella también lloró ese día al volver a casa y si aún se acuerda de mí.
Perdonarla porque no nos quiera tanto como debería. Comprender que no todo está cuadriculado y no se puede idealizar la medida con la que le importo. Que me cuente milongas, excusas tontas y yo me las crea. Que venga y diga que me necesita, que nos echa de menos y somos importantes.
Revivir esos recreos. La emoción al traernos el tarro de cristal a casa de Conocimiento del Medio. Las palomas colgando del techo pintadas de negro y con un lema. El camino al colegio. Verla todos los días, defender a mi pequeña. Volver a casa con mil historias estúpidas pero que parecían increíbles.
Secretos que ya sabemos pero que repetimos haciéndolos más intensos. Palabras que unen tanto o más que el pegamento. Preguntas demasiado tontas pero que se ven camufladas por las largas horas. Fantasías y sueños. Mañanas de mal humor porque el despertador suena antes de lo que quisieras. Desayunos llenos de risas pero carentes de palabras. Despedidas que no saben amargas porque sabemos que son un hasta dentro de una hora.
El estar enfadada y verte obligada a perdonar porque sino jamás te perdonarías el desperdiciar una tarde así. Risas en el agua. Partidas a las cartas en la arena. Insultos cariñosos. El lanzar la pelota lejos para que la otra tenga que nadar más. Volver a casa con un par de grados en el cuerpo de más y unas cuantas tristezas de menos. Llegar vacía e irte más llena que nunca, de felicidad y alegría. Satisfacción por estar rodeada de buenas amigas.
Siempre extrañaremos algo, lo bueno es saber que algún día lo tuvimos y si es así, será siempre nuestro.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Amiga




Porque ya no hay estrellas en mi tejado, ni diarios con nombres raros, ni gomas que ensucian más de lo que borran por estar ralladas, ni tardes que pasar sentadas en ese banco, ni piedras que tirar contra esas olas. Porque ya no hay momentos inolvidables, ni sonrisas en latas de coca-cola, ni chicos con camisa verde, ni coches rosas, ni Eminem, Paramore, Tupac o Maroon 5. Ya no hay un mí sin ti.

No hay pelis que ver en el cine, documentales que ver en tu casa, ni pizzas que comer en mi terraza. Ya no hay esas ganas de plasmar mis deseos en un cuadro si no es contigo. No hay fotos que se guardan pero no se enseñan. Ni cumpleaños sorpresa que merezcan la pena. Ni largas horas conectadas, ni tonterías que contarnos. Ya no hay “son unos capullos”, ni “es que estamos compenetradas”, ni “SL´s” que valgan.

Y ¡joder! Yo sigo esperando ese avión-estrella, esa mariposa blanca, esos brazos pequeños abrazándome cuando las palabras no bastan.

Y ahora solo espero que leas esto, porque sé que cuando lo hagas se te moverá algo dentro, y me echarás, aunque sea un poco, de menos. Porque sé que aquí la única que sufre no soy yo. Pero amiga, no sé que más señales lanzarle al cielo para que lleguen a ti, para que veas que te necesito, que sin ti ya no soy lo mismo. Que sin un nosotras las cosas se ven de otra manera.

Porque todo va peor sin ti y no sé qué hacer para que te des cuenta. Para que entiendas que has sido una importantísima parte de mi vida y no sé si quiero seguir sin ella. Que comprendas que quiero que vuelvas. Que sepas con total certeza que aunque sea tozuda siempre estaré aquí con la puerta medio-abierta. Que se te grabe en la cabeza que solo quiero que seas como antes, que me sigas necesitando, teniendo primero y llamando por cagadas. Que saques tiempo hasta del que no tienes para estar conmigo y poder hacerte reír con cualquier pavada. Que puede sonar exigente, egoísta o demasiado posesivo. Pero no quiero perderte aún. Porque antes tú eras yo, y yo era tú. Y no nos hacía falta nada más para sonreír, solo saber que ambas estábamos aquí. En el punto exacto, con ese gran cariño como único contacto.

Napoleón



"La grandeza no se mide del suelo a la cabeza sino de la cabeza al cielo"

Ganas de nada



Es difícil saber que se siente en esas situaciones, pero mucho más difícil es estar dentro de ellas. Y es que las ganas de morir vienen de las propias ganas de vivir. Es que quien vive, inevitablemente siente. Y quien siente, continuamente muere.

Y las ganas de morir no son ganas de no vivir, son ganas de acabar con esta rutina tan jodida. Y las ganas de morir no son las ganas de terminar allí, bajo tierra y sirviendo como abono para otras formas de vida. Las ganas de morir son no saber donde estar y perder el sentido. Son ver que algo duele tanto y tan dentro que llega un punto en que se vuelve insoportable. Son respirar por obligación. Son autodestruirte un poquito porque no eres lo suficientemente valiente como para hacerlo por completo. Son vivir a costa de lo que los demás dicen y no de nuestra propia boca.

Las ganas de morir son las que te incitan a muchas cosas, pero lo mejor de ellas, es que te llevan a cambiar tu vida. Y hay gente que no entiende eso, hasta se olvidan de que ellos cuando menos lo esperen lo sentirán o ya lo han sentido. Hay gente que intenta estar pero realmente no te entiende, o no quiere. Hay gente que tacha, juzga y critica sin saber por qué, para qué, ni si deberían. Hay gente que no sabe lo que duele ni comprende que por muy bien que estemos, todos lo pasamos. Y uno no se puede olvidar de eso.

Y tristemente yo sí lo entiendo. Porque no quiero vivir de las cosas que dijo o dije. Porque últimamente sé más de las ganas de morir que la propia muerte.

jueves, 24 de noviembre de 2011

A enemigo que huye,



puente de plata.

Literal




Si todo lo que hago, digo o pienso fuera literal, ya me habría tragado la lengua a base de mordiscos, me faltarían venas en el cuerpo para cortarme, tendría a mis espaldas un amplio repertorio de delitos, habría triplicado las siete vidas de un gato, y estaría rodeada de piedras tiradas por ninguna mano.

martes, 22 de noviembre de 2011

lunes, 21 de noviembre de 2011

sábado, 19 de noviembre de 2011

La mejor persona



{…}

- ¿Y qué sientes ahora mismo?

+ Siento que jamás habrá una mañana en la que me levante y no piense en su sonrisa; siento que si un día al volver a casa no está esperándome pierdo el sentido de mi vida; siento que si la perfección existe en este Planeta es porque está su presencia; siento que por más que digan que el No.I Imperial Majesty es el más caro del mundo, el olor de sus camisas le da mil y una vueltas; siento que me faltan vidas para pagarle todo lo que ha hecho por mí en esta; siento que solo porque esté a mi lado le rezaría a todos los dioses que haya en el firmamento aunque sea atea.

- ¿Entonces estás enamorada?

+ Joder, ¡Síííí!

- ¿De quién?

+ De la persona más especial de la galaxia entera.

- ¿Y como se llama?

+ La verdad es que tiene nombre y apellidos, pero yo prefiero llamarla mamá a secas.

jueves, 17 de noviembre de 2011

El dolor es pasajero, la satisfacción de haberlo superado se queda para siempre

Porque hay veces en las que es mejor dejar en off al corazón y poner en práctica la cabeza. Porque no consiste en querer más y mejor, sino en vivir como quieras aún costándote, solo a veces, el corazón.

Y vuelvo a las andadas,



porque camino recorrido es ventaja ganada.

martes, 15 de noviembre de 2011

lunes, 14 de noviembre de 2011

El alquimista




"Y un guerrero es siempre consciente de aquello por lo que vale la pena luchar. No entra en combates que no le interesan, y nunca pierde su tiempo en provocaciones. Un guerrero acepta la derrota. No la trata como algo indiferente, ni intenta transformarla en victoria. Se amarga con el dolor de la pérdida, sufre con la indiferencia y se desespera con la soledad. Pero después de que pasa todo esto, lame sus heridas y recomienza todo otra vez. Un guerrero sabe que una guerra está compuesta por muchas batallas. Y sigue adelante."
Paulo Coelho

No eres tú



Ya no eres tú, tú a mí no me entiendes, hablas más de lo que sabes sin tener ni puta idea de que hay cosas que duelen donde nadie puede verte. Porque no, no eres tú quien siente esta puta presión dentro, no en el pecho sino en la garganta, que no te permite apenas respirar, que te deja sin habla, que te persigue constantemente, subiendo y bajando por todo tu cuerpo, teniendo el foco en el mismo centro, en ti, dentro de ti. ¿Angustia? Una mierda, ¿rabia? Ni hablar, ¿decepción? Mucho menos, ¿rencor? Ni si quiera sé lo que es eso, ¿dolor?
No entiendes nada, solo eres otra bocazas, hablas más de lo que debes, piensas menos de lo que tu cerebro necesita. No eres tú quien siente que vive con una olla exprés en lugar de una cabeza; con una bomba pegada al cuerpo, clavada en tus huesos. No eres tú quien carga con todo este peso. Quien por más te quiero´s que oiga, no se conforma con eso. Quien cuando la miran parece que no ven la misma persona que realmente es. Quien tiene que vestirse todos los días con la misma jodida imagen de mala, hija de puta y sin  sentimientos, sin tan si quiera saberlo. Quien, aunque no lo crean, se cansa de todo esto. Porque nadie es como se refleja en un espejo, porque somos como nos vestimos por dentro. Porque no me jodas, por más que no lo quieras ver o lo ignores a mí también me hacen daño, a mí también me retuercen algunas cosas, también me queman bien adentro otras.
¿Y qué narices quieres que te diga? ¿Qué me jodes la vida? ¿Qué no me interesa ser tu amiga? ¿Qué me duelen tus palabras y mentiras? ¿Qué pienso en ti todos los putos días? Pensé que todo eso ya lo sabías.

Me importa una mierda




si me criticas o te callas. Si te parezco guapa o de fea me tachas. Si eres de las que van a las espaldas o si asumes las consecuencias de lo que hablas. Si me quieres o en tus sueños me matas. Si no te atreves o si me partirías la cara. Si te crees que voy de buena o directamente soy mala. Si eres de las que hacen o solo ladras.

Porque al fin soy yo



Soy yo quien te dice como estamos de jodidas. Quien te recuerda cuan zorra es la vida. Quien te demuestra que tú no ganas la partida. Quien te asegura que para guarra ya estás tú, amiga. Quien a pesar de ser como soy, con mis defectos y virtudes, guapa o fea, tiene todo lo que tú desearías.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Dicen



Dicen por ahí que dicen que agua pasada no mueve molino, pero que el pasado siempre vuelve. Que no lo hace quien quiere sino quien puede, pero que más consigue el quiere que el que puede. Que detrás de la tormenta viene la calma, pero que al final las cosas nunca cambian. Que las verdades duelen, pero que las mentiras matan. Que todos merecemos una segunda oportunidad, pero que segundas partes nunca fueron buenas. Que a la tercera va a la vencida, pero que si no funcionó a la primera no lo hará más. Que cuanto más quieres más pierdes, pero que en la vida nunca hay que conformarse con ser conformista. Que la clave del éxito es la confianza, pero que la confianza da asco. Que las apariencias engañan, pero que la primera impresión es la que cuenta. Que más sabe el diablo por viejo que por diablo, pero que tú rompes el molde. Que si te duele esperas porque todo lo que escuece cura, pero que si te pica te rascas. Que a todo cerdo le llega su san Martín, pero que mala hierba nunca muere. Que el que avisa no es traidor, pero que hay demasiado boca-chancla. Que si te he visto no me acuerdo porque a rey muerto rey puesto.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Vive



Vive siendo consciente de que siempre van a lastimarnos y no por ello significa que nos quieran menos, simplemente que no todos sabemos cómo hacerlo. Vive siendo consciente de que a veces, la vida no tiene un sentido exacto ni tampoco un rumbo definido, pero te juro, te aseguro que vale la pena vivirla. Vive siendo consciente de que el hecho de que hagamos cosas mal, no quiere decir que seamos malos. Vive siendo consciente de que nadie tiene el derecho suficiente para infravalorarnos, tratarnos mal o desprestigiarnos, pues ni siquiera nosotros mismos podemos hacerlo. Vive siendo consciente de que con el orgullo no se llega a ningún lado y es preferible aparcarlo unas cuantas veces a quedarnos llenos de él pero sin nadie por quién perderlo cuando comprendamos que esto es, en ocasiones, un paso necesario. Vive siendo consciente de que no todo el mundo va a querernos, pero eso no significa que no puedan llegar a hacerlo. Vive siendo consciente de que una sonrisa, aunque nosotros no la necesitemos, a otros le alegrará el día. Vive siendo consciente de que la vida se puede mirar desde demasiados prismas y no siempre el nuestro es el correcto. Vive siendo consciente de que aunque nos pongamos en la piel del otro, no todos los fallos de los demás son justificables, pero todo el mundo deseamos oír un “estás perdonado”. Vive siendo consciente de que la vida es demasiado corta como para perderla con enfados tontos y rencores mal acumulados. Vive siendo consciente en todo momento de que eres perfecto, aunque esa perfección este compuesta por miles de desperfectos.

Lo eternamente todo.



No hay nada que puedas hacer que sea imposible, ni nada que digas que no se pueda decir, ni nada que toques que no se pueda tocar, ya que todos podemos con todo, sin ninguna excepción. Pero si que puedes hacer algo de tal manera, que se convierta tuyo; decir algo de tal manera, que marque la diferencia; tocar algo de tal manera, que no quiera o deba ser tocado por otras manos. Y eso entonces será lo que te destaque a ti como persona, lo que te separe del resto. Y aunque el tiempo pase y otros puedan hacer lo mismo, eso que ha surgido en ti será lo eternamente verdadero, lo eternamente hermoso, en definitiva, lo eternamente bueno.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Mis tardes-noches de Noviembre




Y como si nunca nos hubiéramos conocido, te tumbabas en el otro lado de la cama y te presentabas de nuevo. <<Vengo y me presento, soy Alberto, y haber como te lo cuento. ¿Sabes? Yo te llevo observando desde hace tiempo, y no me lo invento. Cocino, pinto un puente, hago rap y la voltereta de espaldas, si con eso te demuestro que continuamente disparas a mi corazón, ¡y no fallas!>>. Y yo sonreía. Luego seguías. <<No quiero que pienses que soy un loco, un aprovechado, un psicópata, un violador, o ¡al carajo! Ahora solo tengo ganas borrar tus inseguridades de cuajo>>. E íbamos conociéndonos, ambos sabiendo que después de cinco minutos ya habría vuelto a surgir lo nuestro. Me volvías a enamorar, y yo no te podía parar de mirar. Y cada vez la distancia era menos, tú y tus tontos gestos, yo y mis tontos <<creo que te quiero>>. Tus sonrisas, mis miradas; las caricias “olvidadas”, nuestras carcajadas sofocadas. Y aunque te pasases horas enteras en el lado derecho de la cama sin moverte un solo milímetro, no había mañana que tocase en nuestra ventana, en la que yo no amaneciera pegada a tu cuerpo entre las sabanas arrugadas, con tus manos recorriéndome con delicadeza, tras un “ven aquí, princesa”.

Y así eran mis tardes-noches de Noviembre, donde nada es como siempre, donde la locura llega sin ser Viernes. Porque le dabas la vuelta a mi mundo, me ponías patas-abajo, dejando que la sangre acariciara mi cerebro, haciéndome dudar de si era realidad o sueños, porque del día y la noche tú eras dueño, porque en cualquiera de ellos mandabas, donde de noche me vivías toda y de día me cantabas nanas.

Me da igual




Y es que quiero gritar pegada a tu costado, men. Quiero reír como en aquella película de American Pie, ¿ves? Quiero pirarme contigo sin que me cuentes tu vida, nada de tus fallos o folla-amigas. Que no me importa si te marcas metas o vives al día.


Que me importa menos, si te comen o no los celos. Si te has tirado a muchas rubias o si ni siquiera te acuerdas de su pelo. Que me importa bien poco si eres de los que disparan antes de hablar o esperas a que lo hagan otros. Que no me interesa si entras o sales. Si ganas o pierdes. Si te enrollas o te rallas. Si llevas gorra o te van las zorras. Me vale un pimiento, si eres capaz de vender arena en el desierto. Que no me interesa ninguno de tus cuentos, que si tú mientes yo te miento. Que no me adelantas aunque hagas el intento.


Que me da igual si eres un musculitos de los de el anuncio de "Just For Men", si me dices vamos o ven. No me interesa tu familia, tus creencias, tus amigos, tus pequeñas manías, tus grandes fantasías; todo eso lo mando al carajo, que a mí me va más el tamaño de tu cerebro que lo que escondas ahí abajo. Me viene al gorro tu pasado, tus malos modos, tus desagrados. Que no te he pedido que me cuentes tu historia, que para eso me voy a ver un rato La Noria.


Y es que yo solo quiero gritar pegada a tu costado, men. Quiero reír como en aquella película de American Pie, ¿ves? Que yo quiero que esto sea como un tiovivo, que no se convierta en otro puto timo. Que me importa tu ahora; no ayer, mañana o pasado. Que si no sale, nos vamos.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Querido


Ven, esconde tus secretos bajo mi piel. Hazme gritar todo lo que tú no puedas decir. Escribe en mi espalda cosas que yo no pueda ver. Y no vuelvas si todo va a ser igual esta vez. Porque dirás que he cambiado, y si es verdad, yo prefiero no saberlo. Porque dirás que no soy la misma de antes, pero quizás no te habrás dado cuenta de que ninguno lo somos ya.

Han pasado meses que casi me parecen años. Y yo quiero verte, pero no puedo buscarte. Te he pensado muchas veces en todo este tiempo, me he acordado de tu lengua y tus llamadas. Aquí está muy frío, justo como tú quisiste que estuviera. Vives en el mundo sin sentido, justo como yo te dije que sería. Ahora los malos se dejan llevar por sus remordimientos y dicen que quieren ser buenos, incluso los ángeles mienten para compensar este desequilibrio en un patético intento.

Tú ya no me quieres, y ahora soy yo la que te quiere a ti. De la misma manera que decías que lo hacías tú. Con esa clase de amor que los enamoradizos desean sentir, con esa clase de amor que duele hasta el punto de dejarte sin habla.

Te he echado mucho de menos últimamente. Y no sé sinceramente como es que todo esto sigue sin ti. No es que sea más difícil de lo normal, es que me he dado cuenta de que te quiero. No es que no pueda vivir sin ti, es que contigo sentía esa comodidad, esa manera de sentir que en todo momento estaba siendo observada, esa manera de notar que, aunque dijese que no, sabía que no sería igual.

Antes siempre me preguntabas en que pensaba, y yo nunca te lo decía. Era algo demasiado simple, pero mío. Hoy estoy pensando en Penélope y Ulises. En ella sin él. En su desesperado intento de alargar la espera. En sus mentiras. En si eran justificadas. En sus esperanzas. En si era lógico que siguiesen ahí, con ella. Es triste, ella sin él, ¿él sin ella? Porque Penélope le esperaba, esperaba al amor de su vida y mientras él la abandonaba. Prefirió recorrer el mundo en busca de aventuras en lugar de quedarse junto a su amada.

El amor es caprichoso, ¿verdad? Mientras una quiera mucho, el otro querrá menos. Y viceversa. Nunca hallarás el equilibrio perfecto, ese punto en el que los dos tiren por igual, porque si es posible, no puedes bajar la guardia. Siempre debes encargarte de que estéis tirando lo mismo. Y aunque estéis compensados, aunque latáis de la misma manera, aún así a uno de los dos le parecerá que no va bien, que no vais a la par. Entonces todo empeorará. Y llegan las discusiones, el dolor, el rencor, incluso el odio (de ahí eso de “Del amor al odio hay un paso”) Pero ¿sabes? El odio se puede llegar a olvidar, se puede olvidar la rabia, lo más seguro es que lo olvides. Pero querer, amar a alguien, eso no se olvida ¡porque te hace sentir bien! Y todo lo que proporciona placer es inolvidable.

Y yo ahora no te puedo olvidar. Porque me hacías sentir tan bien. Porque ya no son importante los regalos, ni las sonrisas, ni el sexo. Ahora lo único que me importa es esa sensación, esa bobería que me inundaba cuando te tenía cerca. ¡Pero no vuelvas! Ya no vuelvas. Porque estamos rotos, porque se acabó, porque las segundas partes nunca fueron buenas. Y porque uno de los dos va a tirar más que el otro notablemente. Y no quiero odiarte.

Así que si aún me quieres, no me lo hagas saber.

Querido Gaetano


Como Julieta cuando conoció a su Romeo, como el capitán Garfio cuando capturó a Campanilla, como esa estrella cuando se enteró de que se habían enamorado de ella, como España cuando ganó el mundial. Así me sentí.

Llegaste con versos, lleno de luz, destacando entre el montón y ganándote mi corazón por goleada. Y tú eres ese lugar perfecto, donde puedo crear un Universo paralelo, donde no tengo miedo, donde puedo vivir sin dormir un solo segundo porque tú eres mi sueño. Tú eres eso, Tano. Y aunque no pueda verte, aunque no pueda tenerte, aunque no lo diga. Te quiero. Por todas esas mañanas en las que no he podido despertar en tu pecho, por todos esos desayunos que me perdí viéndote tranquilo y pausado, por todas esas películas en el salón de una casa que tan siquiera existe, por todas las palabras que no te di tiempo a decirme, por todas las prohibiciones que te puse; por ti y el olor de tu ropa, por mí y esas noches de copas. Te quiero. Porque si tú no lo sabes yo te lo recuerdo, naciste para ser perfecto milímetro a milímetro de tu cuerpo, desde las quemadas puntas de tu pelo rubio hasta las desgastadas suelas de tus zapatos viejos. Te quiero por muchos motivos que te hacen permanecer en mí a cada momento. Y eso no necesita ser escrito.

No espero respuesta alguna ya que esto se perderá en el fondo de algún cajón lejos de mi casa, lejos de la tuya, de tu corazón, del mío, de este amor. Solo espero que todos estos pensamientos permanezcan impunes, sanos, cuidados. Acaso por un loco enfermo de amor que desee mandárselos a su amada, o sabe Dios por quién. Solo espero que nadie los ensucie deshonestamente, prestando más atención al bienqueda que al sientemucho. Y sobre todo, a ti que no los leerás, te ahorren lágrimas, tiempo y pedazos de un corazón viejo que no está para sufrir más roturas ya que en tu corta vida lo han dañado mucho.

A usted



A usted que sus manos podrían sanar hasta los ojos de un ciego. A usted que su boca no está hecha para ser profanada con unos impuros labios. A usted que ni el mayor gañán del Planeta debería mentirle, y si no es así y lo hace, no debiera ser tratado como un hombre. A usted que no se merece derramar ni el más mínimo vestigio de infelicidad puesto que se nublaría el cielo y dejarían de haber estrellas. A usted que es perfecta y no lo sabe.


Ansío hacerla saber que aún sin darse cuenta de ello, en todo momento se ve guapa. Ansío hacerla comprender que en el firmamento entero no hay dulzura singular ni comparable a la que usted posee. Ansío darle constancia de que la diseñaron para encarnar la belleza.


A usted, no malgaste su preciado tiempo con instantes pasajeros. Mucho menos, le entregue el corazón a cualquiera, puesto que podría maltratarlo y no fue creada para sufrir.


A usted, que no posee una cara en concreto, pero que habla por el resto de mujeres que hay en el mundo. A usted, que es todo, y nunca será nada. A usted, que es la puerta del paraíso y la salida del infierno. A usted, que cualquiera podría enamorarse de una mujer así, con tal talante y presencia.


Porque todo lo que le rodea la hace aún más maravillosa, desde el simple hecho de tener la sonrisa más hermosa del Universo entero, hasta el punto de que en este preciso momento esté leyendo esta carta y no sabe que todo lo que está aquí escrito no va por otra que no sea usted.


A usted que es mujer, y eso la hace aún más perfecta.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Ella y sus días



Y como todas las mañanas, se levanta, se viste a las prisas y camina por la oscura casa hacía la puerta. Entra en el coche, y va al trabajo. Y antes de que haya subido el gran portón, ya tiene gente fuera esperando su café de las seis de la mañana. Ella sonríe como siempre, de esa manera que la hace tan perfecta; caminando sobre sus finas piernas, colocándose su rubio pelo a los lados, haciendo que mirarla sea aún mejor de lo que se podría imaginar. Porque ella es así, porque ella es fuerte. Porque aunque pocos lo sepan, ella ha sufrido en la vida. Porque aun con eso, tiene una sonrisa para cada día.

Luego hace lo pertinente, ordena todo un poco y tan rápido como puede, pero siempre haciéndolo bien. Y vuelve a centrarse (como no ha dejado de hacerlo en ningún momento) en el trabajo. Ella es un ejemplo de superación, buscarse la vida y sobre todo, un ejemplo a seguir. Porque no lo ha hecho todo bien, porque se ha equivocado muchas veces, tiene demasiado carácter; pero es clara, luchadora.

Tras una larga e intensa jornada, llega a casa y todavía con sonrisas. Aunque esta vez más sincera, más transparente, más agotada. Está cansada, lo dicen sus ojos ambarinos, llorosos, pero aún así cálidos, seguros. ¡Y su día aún no ha terminado! Tal vez acabe de comenzar. Que si les atiende a ellos, que si escucha las tontas peleas de ellas, que si ordena, limpia, en fin, ¡trabaja!

Y por fin se sienta, a desconectar del mundo, a descansar lo poco que tiene permitido. ¿Y quién le hubiera dicho cuando recorría el pueblo entero con su triciclo como única compañía, que este sería su futuro? Pero aquí no acaba todo, tan solo son las siete y todavía le queda día por delante. Quizá algún estúpido roce, o tal vez un capricho desconsiderado, un reproche egoísta, un querer todo sin saber por qué, o cualquier otra pamplina que lo pueda empeorar, pero que es su pan de cada día. Y respira hondo, tranquila. Ve a sus pequeñas, y piensa ¡Qué no daría ella porque todos sus problemas fueran esos! Pero aún así piensa, y sufre más ella que sus niñas. Porque siente cada uno de sus disgustos como si fueran los suyos, porque parece ser que un hijo sí que duele en el alma. Pero ellas no entienden nada. Tan solo muestran rebeldía, ganas de vivir y comerse el mundo, ¡sin pensar que ella va dentro! Son jóvenes, demasiado para saber lo dura que puede llegar a ser la vida, y aunque le duelen, aunque le hacen daño, aún así ella lo perdona todo. Porque está en su naturaleza, porque solo hace falta mirarla para saber que no tardará en hacerlo, porque es madre y es perfecta.

Y finalmente duerme, en el otoño de su vida, en el ocaso de su día, en el filo de su melancolía. Para tras unas pocas horas, volverse a despertar y continuar con el ciclo tan inevitable y cerrado en el que se ha convertido su vida.

domingo, 30 de octubre de 2011

Angie




Y se acabaron los días soleados, llegó el puto otoño, atravesándonos por dentro. Rompiéndonos. Y ahora todo es tristeza en tus ojos. Y los míos ni los siento. No hay nadie que pueda compararse a ti. Eres hermoso.  Y aunque por ti pasen los años, siempre seguirás siéndolo. Y vino el vértigo a apoderarse de nosotros, ¿es que acaso merecemos este final? Y no hay distancia que pueda separarnos. Todavía pienso en ti. Aunque el Sol no salga esta mañana. Te seguiré queriendo, ¿Es que acaso la vida está hecha para pasarlo mal? Por algo se inventó el invierno. Y aunque nada sea igual, no olvides nunca que tuviste un verano. Y aunque no me sigas viendo pasar, no olvides nunca que por más lejos que andemos, no soltaré tu mano. Y eres mi ángel. No hay nadie que pueda compararse a ti. Eres hermoso. Ángel, te sigo amando.   

sábado, 29 de octubre de 2011

Cuando amas a alguien



 crees que se acabaron tus noches solitarias y tristes. Pero lo que no sabes es que no han hecho más que empezar, que la soledad ha venido a tocar a tu puerta, y se quedará durante mucho tiempo. Porque cuando amas a alguien te acostumbras a esa persona, a su presencia, a su olor, a su sonrisa, a sus enfados, a su compañía en general. Aprendes a vivir con ella. Y cuando se va, que lo hace, ya no es lo mismo y nada vuelve a ser como era incluso antes de conocerle. Cuando amas a alguien, todo cambia para siempre. Sea quien sea. Porque es como una de esas sensaciones que una vez que las sientes no te abandonan nunca. Ya sabes. Como las pipas, una vez que empiezas no puedes parar. Una vez que te enamoras lo harás mil veces más. Porque lo peor de un corazón enamorado es que no sabe que a partir de ese momento se convertirá en un esclavo de su propio amor, y no habrá marcha atrás. Porque aunque cambies de labios, cuerpo y manos, esa sensación no la olvidarás. Y entonces siempre serás feliz a medias. Porque te faltará algo. Porque te faltará eso. O lo tendrás en exceso. Nunca somos felices con lo que tenemos.
 Y habrá algunos que entonces pensarán que lo mejor es no enamorarse nunca, y por ello surge el miedo al amor; y otros que sufrirán por no haberse enamorado en la vida, y por eso surge el ir de flor en flor. Pero ni tanto ni tan poco, porque quien se cierra al amor no vive nunca, y quien se entrega por completo a él, pierde la vida en el intento. Algunos piensan que lo mejor es no mojarse, otros que vale la pena decir adiós a todo por esos instantes.
Yo soy de las que piensan que más vale perder un minuto en la vida, que la vida en un minuto. Pero que minuto a minuto se hace toda una vida, y que hay vidas que merecen tanto la pena vivirlas, que el hecho de que duren un minuto es irrelevante. 

viernes, 28 de octubre de 2011

Media naranja


Porque el hecho de que cada uno tengamos una media naranja, no nos da derecho a exprimir todas las que nos encontremos por el camino

Mi amor platónico, MI ESQUIZOFRENIA


Porque me haces reír continuamente. Porque siempre estás. Porque ¿sabes? Nunca olvidaré esas fiestas en cualquier Cala. Porque te costó pero lo hiciste. Porque me tratas tan jodidamente bien. Porque aceptas todos mis errores, defectos y tonterías entre risas. Porque nunca antes me habían entrado así. Porque eres paciente. Porque me quieres y lo demuestras continuamente. Porque no eres como decían. Porque eres mil veces mejor de lo que imaginaba. Porque contigo me siento segura. Porque aunque sea poco tiempo, haces que parezca una eternidad, ¡y eso me gusta! Porque me haces ver guapa incluso en chandal.  
Porque me estoy volviendo loca. Porque sueño mil veces contigo. Porque me imagino una vida a tu lado, y ¡soy tremendamente feliz en ella! Porque aunque sé que es ficción, que no te conozco y no me conoces, pienso tantísimo en ti. Porque se que algún día vendrás, quizas con otra cara, otras manos; pero la misma calma. Porque aunque seas un remolino en mis fantasías, y no seas del todo perfecto, aunque hayas sido algo perro; aún así, eres lo que necesito en mi vida.
Porque todos necesitamos a alguien así, y tenemos a nuestro modelo de media naranja perfecto, pero ¿sabes? Aunque sepamos todo esto, vendrás y serás todo lo contrario a lo que sueño. Porque no podemos prevenir como será el amor de nuestra vida, solo que tarde o temprano llegará, y mientras tanto yo me conformo con verte en mi mente y sus mentiras. 

domingo, 23 de octubre de 2011

Placeres


He conocido gente muy rara, todos tienen distintos placeres, a cuáles más absurdos o sorprendentes, pero si en algo coinciden todos es en que los disfrutan con ansias, con unas fuerzas intensísimas, como si se les fuese la vida en ello, y yo disfruto viendo a esa gente hacerlo. Creo que el placer de cada persona es como su huella de identidad. Según su placer, según su manera de disfrutar, según sus jadeos o sus lágrimas o su fuerza, o simplemente sus carencias, según cómo se mueva su inconsciente puedes saberlo todo de esa persona. Absolutamente todo, no es necesario saber cuántos amores ha tenido, ni cuántas peleas, tampoco el número de relaciones sexuales que ha mantenido en el último mes. No. Tan sólo saber cuál es su placer, y su manera de disfrutarlo. Eso te dará el poder.

Ventanas

[cristal+roto,+corazon+roto,+vidrio+roto,+nunca+mas,+orgullo,+indiferencia,+no+vuelvo+nunca+mas,+perlas+a+los+cerdos,+corazon,+bl]

Porque cuando nos enamoramos somos ventanas. Cerradas para fuera, abiertas de par en par para los de dentro. Y cuando nos enamoramos, ambos somos ventanas. Nosotras que somos traslúcidas, ellos que son cristal. Y entonces surge esa “fragilidad”. La misma con la que miramos a la persona que queremos, ¿sabes? Ese intentar no herirle en ningún momento, aunque eso suponga renunciar a tus sentimientos, a tus impulsos más naturales, a tus enfados, a tus más duros pensamientos, a todo aquello que pueda dolerle lo más mínimo y al fin y al cabo apartarlo de ti. Porque es resistente, pero en cuanto sufre el primer golpe que lo deja con esas “venillas” ondeando por él, entonces se vuelve frágil, cualquier cosa puede hacer que se termine de romper, y no lo queremos. Porque no hay pegamento que lo cure, ni superglú, ni la gotita ni carglass. Nada. Porque no hay besos, abrazos o polvos que sanen eso. Porque aunque no queramos, claro que será el principio, ¡pero del fin! Porque esas cosas se acumulan y dan cierta inestabilidad, son lo que luego nos hace vivir al límite, en la cuerda floja, en ese «¡como todo siga así me vas a perder, joder!». Pero esto no significa que se acabe para siempre, no. Es solo un aviso, pero con cuidado, mucho cuidado, sin ruidos, sin apenas rozarlo, sin movimientos rápidos y bruscos, con delicadeza, pasión y sobre todo, amor, mucho amor. Entonces se puede rescatar, seguirá ahí, pero casi ha desaparecido. ¡Aunque se puede volver a agrietar!

Amor



Amor es poder respirar si la otra persona no está, es poder hacer cosas sin su compañía, es no pensar en él las 24 horas del día, es no decirle a diario que le quieres ¡ni oírlo!, es no quererle siempre porque llegas a odiarle un poquito a veces, es sentirle una parte de ti en muchas ocasiones y un extraño en otras pocas, es no conocerlo todo de él, es anteponer otras cosas a su persona; amor es poder vivir sin su presencia, pero no querer hacerlo.

sábado, 15 de octubre de 2011

Cambiar es madurar



Y diariamente todos cambiamos. Ayer, por ejemplo. Ayer pensaba que podía enfadarme cuando algo no salía como yo quería. Y hoy cuando me he querido dar cuenta, he visto que eso ya no importa, que ya no me enfado por las mismas cosas. Bueno, quizás eso no fuera ayer, sino hace tiempo. Pero lo que quiero decir es que todos, todos cambiamos. Y no debemos preocuparnos por ello. Hay gente que lo nota, otra que no tanto. Y es que no vamos al mismo ritmo. Pero no importa. Lo realmente importante es que cambiamos, y para mejor. Siempre será para mejor. Por mucho que nos digan has cambiado y para mal. No. Siempre para mejor, porque cada uno tiene su punto de vista. Y lo bueno o malo es relativo. Además, esos cambios no son eternos, siempre son sustituidos por otros. Así que siempre cambiamos para mejor. Porque podemos cambiar de manera que sea perjudicial, que no nos convenga, pero tarde o temprano nos terminamos dando cuenta de que realmente no vamos por buen camino, entonces rectificamos, y ¡cambiamos! Porque rectificar es de sabios, así que cambiar ni te cuento. O simplemente no encontramos nada malo, entonces no existe maldad alguna ¿Y qué más da como lo consideren los demás? Somos felices y eso es lo que importa. 

Las cosas sinceras,


nunca suenan bien

El Sexto Mandamiento




Gracias a ti, a ojos de la iglesia, estoy destinada al infierno. Pero estoy tranquila, porque sé que te vendrás conmigo. Me he saltado el sexto mandamiento. «No cometerás adulterio» Lo que se viene resumiendo en que no puedo desear físicamente a nadie con el que no esté casado. Pero, ¿y qué hay del amor? ¿El amor entonces es pecado? Porque cuando amas, deseas, es imposible evitarlo. Estés o no casado. Y no amas únicamente cuando te casas.
«Guarda limpio el corazón, no mires con ojos malos a una mujer, conserva pura el alma, y entonces será también casto el cuerpo» Y me importa un carajo ensuciarme el alma si es por amar de esta manera. Y es que a esta edad, eso de mantener “limpio” el amor es una cosa bastante compleja, será por el aire que respiramos, la sociedad en la que vivimos, o las películas en que aparecen pasiones desbordadas en las que no hay ni rastro de maldad, porque todo es lícito por amor…, todo eso hace, que el hecho de no caer en la tentación, sea aún más difícil. Pero creo que el amor lo justifica todo, y no necesito que nadie me diga que voy a estar eternamente ligada a una persona, para poder empezar a amarla, o tan siquiera para saberlo. Porque estaremos juntos si queremos, lo digan o no. Porque no debemos anteponer a nadie a nuestros sentimientos, porque amar no es un sucio, y desear mucho menos. Porque todo depende de cómo lo hagas, y si es por amor, no existen los pecados. Así que le jodan a los mandamientos, porque nos iremos de la mano al infierno.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Solo hechos


Y hoy me he dado cuenta viéndoles a ellos, de que cuando llegas a cierta edad, ya no importan los te quiero; porque ya no hay palabras, solo hechos. 

lunes, 10 de octubre de 2011

Tú, mi error



Dicen que no hay mayores profesores sobre la vida, que los errores; ven cariño, ven y enséñame alguna de tus lecciones. 


Imposible olvidar



Es imposible olvidar algo. No hay nada que se olvide. Simplemente se deja aparcado, lo catalogamos y lo metemos en ese cajón, en el de “las cosas que ya no importan”. Y lo dejamos de lado. Por si acaso, por si alguna vez nos hace falta. Y aunque somos conscientes de que no lo vamos a necesitar, no nos deshacemos de ello. Porque no hay nada que podamos olvidar, porque todo se almacena en el cerebro, aunque no queramos. No hay nada olvidado, sino superado. Continuamente nos ocurre algo que deseamos olvidar, algo que no queremos retener con nosotros, pero por más que lo intentemos y lo omitamos, siempre estará ahí. Y realmente tenemos la sensación de haberlo olvidado cuando lo superamos, cuando decimos ya no importa. Entonces ya se pierde en una especie de agujero negro dentro de nosotros, y en ocasiones es difícil volver a encontrarlo, pero está ahí, por algún lado perdido, pero está. Y otras con un poco de esfuerzo, ¡o sin él! Aparece, pero ya no deseamos olvidarlo, ya es indiferente. Cuando algo ya no importa, entonces puedes vivir tranquilo con su recuerdo, porque no molesta ni estorba, porque es algo más. Y sobre todo, porque sin darnos cuenta, nos ha ayudado a ser como somos. Entonces, cuando somos conscientes de ello, todo está claro: Por duro que sea, ¡ no sería inteligente borrarlo ! Sería de cobardes, como si a mí no me gustase mi nariz y entonces viviese sin ella. Estúpido. Porque aunque no me guste, me facilitará la vida. Bueno, tal vez no es el mejor ejemplo, pero a lo que voy es a que por mucho que un recuerdo no me agrade, el simple hecho de aprender de él hace que merezca la pena.

domingo, 9 de octubre de 2011

El dolor ya no se siente


Se acelera mi respiración, siento como cada vez me falta más el aire, las manos me tiemblan, noto la sangre bombeando en mi cerebro y la cabeza me da vueltas. La rabia rugiendo. Las lágrimas empujando. Y el dolor, el dolor ya no se siente…

El dolor está a un lado. Sofocado por un gran tumulto de endorfinas que acuden rápidamente para enmascararlo. Al sistema nervioso le noto ralentizarse. Ya no queda ni rastro de la oxitocina, el hipotálamo ya no genera la molécula del amor. El hipocampo se emperra en seguir almacenando esos recuerdos a corto plazo convertidos en recuerdos a largo plazo, irremplazables, duraderos, ahora eternos en mi cabeza. Entonces acude la tristeza, a inundar todo mi cuerpo. Y ya mis pupilas no lo aguantan más, y se libera.

Cuando sentimos un dolor tan intenso y grave, que se escapa más allá de lo físico y profundiza en lo sentimental, en lo realmente doloroso, simplemente lloramos. Esto es debido a la gran presión que se genera en nuestro interior y que busca una válvula de escape. Es entonces cuando nuestro cerebro trabaja, siente ese pequeño impulso y rápidamente se pone en marcha, despierta a las glándulas lagrimales y ellas hacen el resto. Las lágrimas no son símbolo de debilidad y muy al contrario de lo que piensan muchos, ayudan. Las lágrimas destruyen bacterias, y también ayudan a acabar con el dolor, a mandarlo lejos, a liberarte de él.

Y todos lloramos, lo neguemos o no, lloramos y luego nos sentimos mejor. Porque crea un efecto anestésico, y nos notamos lejos. Nuestro cuerpo está aquí, pero nuestros pensamientos han huido a otro lugar, refugiándose de todo. Y después pasa el tiempo, casi sin darte cuenta pasa el tiempo, y cada vez lloras menos; y aunque eso sigue ahí, el dolor ya no se siente de la misma manera, incluso llega a un punto en el que apenas duele. Entonces es cuando realmente nos damos cuenta de que lo hemos superado. 

sábado, 8 de octubre de 2011

Penitencias.





Yo misma sé que a día de hoy no soy trigo limpio, soy agua turbia y aire contaminado. ¡Y por elección propia! Porque la he cagado innumerables veces, y todas sabiendo que estaba mal. Muchas no me he sentido culpable. Y ahora me siento culpable por no haberme sentido culpable, ¡no por haberlo hecho! Pero quiero pagar cada uno de mis pecados, sobre todo uno, así que devolveré cada cosa a su sitio y remediaré todos ellos. Porque no me hace falta ir a una iglesia a que me digan cual es mi penitencia, yo solita sé lo que debo hacer para tener la conciencia tranquila. Y lo haré por todos, porque no quiero hacer daño a nadie, y porque joder soy dinamita. Puedo, como todos, tener mucha malahostia y joder a demasiados. Pero no quiero ser así, porque no quiero ser como ellos. Porque no quiero hacer lo mismo de lo que me quejo. Porque no debo hacer lo que no me gustaría que me hicieran, y porque ¡es lo correcto! Porque aunque todo esté yendo mal, yo lo voy a arreglar. Porque nacimos para ser felices y no me voy a equivocar. Así que no me pidas que me vaya, porque no te obedeceré.

No saben nada



Porque no voy a decir que haya marcado un antes y un después. Ni tampoco que me volvió mala, o que mandó a la mierda todas mis buenas intenciones. La verdad es que nunca conocí un antes, así que no pudo traer todas esas consecuencias. Ni voy a hablar de maldad o buenas intenciones, porque ni yo sé si lo soy o no. Tampoco me preocupo mucho por averiguarlo, la verdad. Pero sí. Para algunos será bueno o malo, correcto o incorrecto, cuerdo o suicida. Soy así por él. Me enseñó todo esto. Y me miran y piensan que no tengo ni idea de la vida, tengo tan solo 16 putos años, ¡incluso él! Él también me dijo que no sabía nada. Y sonreí. «Joder, ¿Qué coño sabrás tú, tío? Estás loco, y te crees que yo estoy igual». Pero no le dije nada. Solo sonreí. No es que sepa más o menos que tú, pero tampoco es que no haya vivido. Cada cual tiene su historia, y aprende a su manera de ella. Yo tengo la mía y por muy pava que pueda parecer sé cómo funcionan algunas cosas. Porque sé lo que es sentir la adrenalina corriendo por tus venas “por si te pillan”. Sé lo que es sentir que se te derriten, no te arden, se te derriten las pupilas. Sé lo que es sentir el dolor cuando te golpean. También se lo que se siente cuando pierdes a un ser querido, y no por culpa de la naturaleza, sino ¡porque él lo ha elegido! Sé lo que se siente cuando te humillan, incluso esa persona. Sé lo que se siente cuando vives en ese mundo. Y sé lo que es caer en una espiral. Sé algo del mundo de la noche. Sé lo que son las lágrimas de cocodrilo, y fingir. Sé lo que es mentir. Sé mucho más de lo que se puedan imaginar. Y soy la menos indicada para juzgar a nadie, pero tampoco ellos a mí me pueden juzgar. He pasado cosas y sé que me quedan un millón de cosas más por pasar, pero por ahora voy sobrada con estas pocas. Porque con ellas ya se puede determinar si soy buena o mala. Algunos tirarían por buena: Me he callado muchas veces, he ahorrado el sufrimiento a otros y lo he pasado considerablemente mal. Pero otros muchos, demasiados quizás, tirarán por mi maldad: He mentido, me he saltado unas cuantas normas y he cometido varios pecados. Otros simplemente se pensarán, que aún por encima de todo, me chupo el dedo.

Toc, toc



… Soy quien te va hacer reír el resto de días de tu vida. A cambio, solo te pido que te quedes conmigo.

Porque no seré la persona más maravillosa del mundo, pero sí que soy una payasa.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Casi na´



A él le gusta el café clarito, y a ella bien fuerte. A él le van las películas de risa, y ella pasa directamente del cine. A él le dicen que es demasiado astuto, y a ella que debe espabilarse. A él le llaman feo, y a ella la roba-corazones. Él cree que es el culo del mundo, y ella se hace pasar por el ombligo. A él le humilla cualquiera, y a ella le admiran. Él es valiente en silencio, y ella presume de poder con cosas que ni se atrevería.  Él la amaba en secreto, y ella se dio cuenta.  Él es un «te quiero demasiado, mucho más que a mi vida», y ella un «no te quiero casi na´» entre risas. A él le ven como a un friki, pero el friki que ella adora. A ella la ven como una sinalma, pero la sinalma con más sentimientos que él conoce. Y aunque nadie estuvo de acuerdo (ni sus padres, ni sus amigos, ¡ni el pueblo!) quemaron todos los cartuchos de ese amor tan grande diseñado a pruebas de fuego. Porque al final, los polos opuestos se atraen ¿verdad?