sábado, 25 de junio de 2011

Ella

Y ejercía el oficio más viejo perro del mundo.



Daba cariño con intereses, se quedaba sentaba mientras hablaba, o simplemente le robaba a besos las palabras, mandándolas lejos, haciéndole olvidarse de ellas, de su mujer, su amante o su novia, de quien en casa esperaba. Sosegaba desdichas, provocaba fatigas. Hacía lo que le pedían, se negaba a cosas insanas. Siempre se consideró de lujo, era admirada. Preciosa y fuerte. Frágil y marchitada. Todos la querían, pocos la tocaban. Decía no ser de nadie, con muchos estaba. Vivía sola en un gran motel, de todos iba acompañada. Demasiados soñaban con ella, ella de sus sueños no se acordaba. Todos creían que no sentía, ella por la noche lloraba. Confió demasiado en su eterna juventud, pero demasiado pronto la vejez llegó con un billete directo al ataúd. Algunos la llamarán PUTA, yo prefiero tratarla como a alguien que a base de práctica los dolores calmaba.