jueves, 15 de septiembre de 2011

A cada edad le precede su historia



A diario, escucho a la gente decir que les encantaría volver a ser pequeños, que este mundo les puede y se les queda un par de tallas por encima, que se sienten tan chiquititos en comparación con él que sienten que tarde o temprano terminará por comerles. Les escucho sollozar palabras sin sentido, para mí, teñir la realidad de un oscuro color mediocre, lamentarse y compadecerse de sí mismos. Que si tu mayor problema era el tener o no amigos, que si llorabas desconsolado tan solo si se te rompía la pieza fundamental de tu scalectrix o la cabeza de la barbie,  que si tarde o temprano ibas a papá o mamá o tan siquiera a un vecino y te ayudaban a resolverlo… porque todo tenía solución con tan solo 5 años.
Pero no, yo no querría volver a ser pequeña, no me gustaría. No, porque no quiero preocuparme por no tener amigos, quiero preocuparme por ganarme que todos se queden a mi lado; que no quiero llorar porque se me rompió la barbie, quiero llorar porque me han roto el corazón, pero sobre todo por el orgullo que sentiré después al superar ese obstáculo; porque no quiero depender de ningún adulto para que me solucione la vida. Quiero meterme en problemas, liarla como nunca y que todos me lo reprochen, quiero sentirme como una mierda y que hasta yo tenga ganas de meterme cuatro hostias al verme al espejo, pero que un día de entre tantos en los que me estruje la cabeza por arreglar yo SOLITA mi problema, aparezca esa luz, esa majestuosa idea que me haga sentir una genia y me “solucione la vida” para que al irme a la cama, cierre los ojos con la sonrisa más grande del mundo entero, y sobre todo, con la tranquilidad y el orgullo suficientes como para dormir sin ninguna preocupación, sabiendo que he madurado. Porque ser niños es la leche, pero ser adultos es mucho mejor, es mucho más que un montón de problemas y llantos, es caerte no sé cuantas veces y levantar una por cada cien, pero levantarte; es poner a todo el mundo en contra tuya y finalmente terminar poniéndote el mundo por montera; es levantarte con ganas de morir y acostarte sin ganas de cerrar los ojos; es acabar hasta arriba de facturas y terminar tirándote a tu pareja sobre ellas, usándolas de colchón porque no tienes uno, pero sintiendo que es la cosa más tonta y especial que te ha pasado; es que se te rompa el coche en medio de un bosque desértico y maldecir al aire para finalmente terminar sobre el capot moviendo la mano con el móvil de un lado a otro en busca de esa “rayita” y acabar tirada sobre el cristal descojonándote tú sola por tu puta mala suerte, pero sobre todo, por no importarte estar perdida en medio de la nada sino porque ha sido necesaria una avería para que abras los ojos y descubras el paisaje más bonito de tu vida; porque hacerte mayor es crecer, es hacer cosas que un niño no puede hacer, porque para cada edad hay una cosa y para cada cosa una persona, y si tú no crecieses una cosa, aunque sea la más estúpida del mundo, no existiría.

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