sábado, 24 de septiembre de 2011

Con solo 17 años




«¡Buenos días! Hoy les espera un día caluroso en todo el país junto con unas altas temperaturas…» Empieza a saludar el televisor con una enérgica y agradable voz femenina. Sonríe. Ella.

 «Tantas veces me perdí en tus besos que ya no quiero, tantas veces me rompí los huesos que ahora son de acero…» Grita la radio desde el salón contagiándola con una pegadiza melodía. Sonríe. Él.

Ella y sus críticas sobre la meteorología. Él y su politono de Pignoise. Ellos.

Mira por la ventana tras correr la cortina. Soleado.

Busca su número en la agenda del móvil. No existe.

¿Y qué es el amor con solo 17 años? Ellos no podrían decir nada. Tan solo que aprendieron demasiado de esos años. Como por ejemplo, que con el tiempo, y sin darte cuenta, hay cosas que ya no son lo que eran, y no puedes hacer nada. Que poco a poco te enteras de que aunque no lo creas lo realmente importante de todo es ver a esa otra persona junto a ti. Que siempre se recuerdan los buenos momentos y sin querer, ya no hay ni rastro de los malos. Que todos cambiamos incluso cuando no queremos. Que nada pasa porque sí, pero tampoco hay explicaciones para todo. Que la edad del pavo te vuelve imbécil. Y que el tiempo es el mejor medicamento para el mal de amor. Que aunque te pongan normas, siempre querrás saltártelas. Que las cosas buenas tardan en llegar. Y que no puedes quedarte parado esperando que todo venga.

Podrán decirte mil cosas, como todos, porque siempre aprendemos algo, pero seguro que se callaran que muchos de esos momentos no hubieran valido la pena si no hubieran estado el uno para el otro. Y que darían todo, por volver a estar a su lado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario