jueves, 15 de septiembre de 2011

El amor se acabó



Él era como “vive cada uno de tus días como si fuera a ser el último, porque algún día acertarás”, y ella se conformaba con un futuro, no prestaba casi atención al presente y luchaba por un mañana. Él pasaba de complicaciones, ella vivía en un lío continuo. Él era un bala perdida, y ella nunca se fiaba. Él era un ligón, ella cambió el ir de flor en flor por ir de capullo en capullo. Él era Norte, y ella Sur. Él era agua, y ella aceite. Pero le cautivó, ella no creía en el amor, y él la hizo dudar. La convenció con palabras. Un «El mundo está hecho como mínimo para dos. Las tostadoras, los armarios, las llaves de una cerradura, los sofás, las ofertas del super, incluso cuando compras una mesa para tu casa, no le vas a decir al tío “no perdona, que yo solo quiero una silla”. El mundo está diseñado para dos, todo es mejor en compañía, cuando doblas una sabana es mejor si otro te ayuda; entonces, ¿por qué no iba a querer compartir mi mundo contigo?» Y salieron. Se enamoraron y salieron. Todo empezó tan rápido, tanto que de la misma manera terminó. Ella no parecía convencida, y él luchaba «Yo te quiero tanto que si no quieres que te quiera, no te quiero… solo dime que lo haga». Y ella que no contestaba. Eran un mensaje a las tantas, un cigarrito a las 6 de la mañana, un “vete a la mierda” cada vez que se enfadaba, un beso mal dado, una pregunta callada, un desayuno sin diamantes, un peinado nuevo, una mentira para salir del paso, un verano frío en casa, una noche calurosa en una discoteca u otra, unos cuantos días de menos en el calendario, un adiós cercano, un “Me gustas mucho” o un “Tú a mí nada”. Y poco a poco quedaron atrás las tardes nubladas en casa, discutiendo por política o algún que otro tema intolerable, tan afanados como si pensasen que arreglarían todo ellos solos, tal vez porque no andaban influenciados por el dinero, o el sexo, o cualquier otra idiotez que moviese el mundo. Quizás le dejó de lado porque pensó que sería para siempre, quizás fue eso y descuidó su compañía. O quizás era que él no sabía que si se iba de su vida, sería como dejar atrás la mitad de su corazón, y no se puede vivir con medio corazón nada más, ¿no? Quizás no asimilaron que no todos los sentimientos se mueven de la misma manera. Cien veces buscó los labios de ella, y cien veces ella encontró los suyos. Cada uno era su propio argumento, y los dos discutían sin razón. Él era un «¿No te das cuenta? Cada cosa que he hecho, cada escaño que he escalado, ha sido para acercarme un poco más a ti» y ella un «¡Antes elijo a mis leones que a tus jaulas!». Y se arrepintió. Porque le fue fácil cerrar la puerta, lo difícil vino cuando quiso saber si seguía al otro lado. Y así fue que el amor se acabó en el Universo entero. Como si ya no volviese. O como si nunca hubiera venido.  

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