lunes, 26 de septiembre de 2011

En el amor no hay errores



¿Saldrías con alguien malo? ¿Con un criminal? Porque dicen que en el amor no importa ni la edad, ni el color, ni el pasado. Importa quién sea él contigo. ¿Pero, en serio, saldrías con un criminal? ¿Saldrías sabiendo que algún día, cuando volviese a casa más tarde de lo habitual, tu cabeza macabra o malintencionada fabricaría preguntas hirientes que te dejarían en vela toda lo noche y seguramente no querrías ni tocarle? Un poco de ¿Cuántos corazones habrán dejado de latir hoy? O quizás ¿Cuántas familias no dormirán, no por falta de sueño, sino porque no queda ni rastro de su hogar? O tal vez ¿Cuántos desgraciados se habrán cruzado en su camino? ¿Cuántas respiraciones no volverán a ser oídas por esos oídos enamorados? ¿Cuántas mejillas no serán nunca más besadas por esos labios? ¿Cuántos cuerpos no se arroparán con esas manos? Dime, ¿Cuántos?

Es una idea que todos repudiamos en un principio, es como si nos dicen, ¿saldrías con Hitler aunque te prometiera un mundo estupendo, lleno de vida, y sobre todo, amor? ¡No! ¡Por Dios! ¿Qué pregunta es esa? ¡Es obvio! Rotundo. No. Conciso. Jamás. Pero, ¿y si te enamoras? Porque eso no es algo que tú controlas, porque no es algo que dices: “Basta,  no. Hasta aquí he llegado y no voy a sentir nada.” No funciona así.

Enamorarte es que te dé un vuelco al corazón que no puedas evitar. Enamorarte es cruzar tus ojos con los suyos y olvidarte por un instante de todo lo que te rodea. Enamorarte es no importar nada y solo esa persona. Porque cuando te enamoras, no entiendes de maldad o bondad. Todo es relativo. Cuando te enamoras, te equivocas. Siempre. Sin parar y sin control. Te equivocas y no puedes hacer nada. Pero te enamoras. Sin tener en cuenta sus delitos o logros. Y por eso mismo, por eso precisamente, cuando nos enamoramos cometemos errores sin darnos cuenta y cuando lo queremos dejar, nos damos cuenta de que nada era como parecía. Y decimos que las personas cambian ¡Y no! Solo que las vemos con otra perspectiva. Ya no con ojos enamorados. Ahora con ojos realistas.

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