martes, 13 de septiembre de 2011

Mi cabeza sigue allí





Me acuerdo de ella. De la barandilla llena de astillas y de las vistas tan viejas, sucias y tremendamente hogareñas que proporcionaba. De la cocina de madera y la estrella del techo. Del salón con los sofás desgastados, la tele sin Antena 3 y la colección de motos. Del patio canario, la pérgola floja, la pecera con fugas y el reloj de péndulo que cada dos por tres se paraba. Del baño azul, del naranja y del garaje que guarda el sueño de ser una troja y se quedó a medias. De su habitación, de la habitación verde con olor a vino y de la nuestra con las contraventanas rotas. Del columpio oxidado y hecho a mano malamente y de aquel coche amarillo que no recuerdo que alguna vez funcionará.  
De las estrellas sobre el césped a las 3 o 4 de la madrugada, de los gritos desde la puerta hasta el techo mientras él movía la antena y de mis ¿Estás despierta? a media noche cuando la pérgola sonaba. Me acuerdo de los ruidos desde la habitación hasta el salón, la adrenalina que corría por mis venas cuando empujabas el columpio y este se tambaleaba, y de ver tu cara cada mañana. De la foto de navidad junto al árbol en la esquina de la pecera, de aquel retrato cómico de nosotras vestidas de flamencas y él de torero, y de coger los huevos cuando las gallinas nos dejaban.
Me acuerdo de aquella casa, y de los secretos que guarda.

No hay comentarios:

Publicar un comentario