lunes, 28 de noviembre de 2011

Nada



De todo prefiero nada. Porque quien tiene todo, pierde el doble. Porque quien no espera nada, siempre gana.

El peor día del año




Tose antes de mirar su pañuelo ensangrentado; da una última calada a su cigarro mal fumado.

Llora tirada en el suelo del baño; rememora en su cabeza esa frase que no se borrará en años.

Esnifa rayas de algo con poca calidad; ojea fotos con fechas de caducidad.

Se calienta las manos frente a una estufa recién prendida; se cura sin algodón ni Betadine alguna que otra herida.

Mira por las ventanas el suelo mojado; piensa en lo que hubiera pasado.

Escucha canciones tumbado sobre la hierba; no para de caer en cuenta de que su vida es una m*****.


Y todos sin saber que en el fondo están conectados. Que aunque parezca mentira, no hay corazones de hielo. Que no hay nada más reconfortante que perder el miedo. Que no hay problemas que duren mil años. Que no todo en la vida son días buenos. Que muchos sabemos lo que es sentir que nos rompemos. Que también hemos experimentado el espejismo de estar en el cielo. Que el minutero puede pasar como si necesitase ser empujado algunos días. Que en pocas horas se nos puede ir la vida. Que no todos sufrimos por las mismas cosas. Que no hay espinas sin rosas. Que el dolor no viene si no es provocado por algo. Que por más que corramos, no siempre estamos a salvo.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Y lo haré



Es normal que algunas veces al pensar en ti sienta ese gran vacío, porque existe la nostalgia por ese recuerdo que jamás se olvida, aunque nunca lo hayas vivido, ya que a pesar de echar de menos algo, no siempre ese algo a formado parte de tu vida, al menos no de forma directa; como tú. Pero hoy me he prometido no llorar, hoy me juré tatuarme esa estúpida sonrisa en la cara cada vez que te vea, por el bien de los dos. A pesar de no saber realmente si quiero hacerlo, no sé si quiero verte. Hoy, prefiero intentar parecerme a ti (porque esa ha sido siempre mi función, supongo), intentar parecer fuerte, porque aunque no te lo creas, yo sé que no lo eres. Hoy procuré sentirme bien al recordar tu nombre, porque no sé qué es lo que quieres que sea, pero estoy segura de que no te lo oiré decir, tampoco me dirás que sea alguien importante, buena, cariñosa; no eres el mejor ejemplo; pero aún así siempre intentaré que te sientas orgulloso.

Gran día



Ya me cansé de verdades a medias, y mentiras enormes. También me cansé de ver ciertas caras todos los días y fingir que estoy de puta madre, y de estar como una mierda cuando no las veo. Me cansé de que me hierva la sangre al oír ciertas cosas, y de que me tome demasiado bien otras. De no ser perfecta, de quejarme por ello. De no perdonarle, de querer hacerlo. Me cansé de ilusionarme con estúpidas promesas, de no creerme cosas sinceras. Me cansé de no entender por qué coño me quieren joder, y de decir que me da igual cuando podría escuchar una explicación. Me cansé de ser pura indecisión, y de estar demasiado segura otras veces. Me cansé de dejarme llevar por las opiniones ajenas, y de no poder ser manejada por alguien cuando quiero. Me cansé de oír que llamará, y de esperar como una idiota esa maldita llamada. Me cansé de quejarme de la vida y de todos estos putos días. Porque hoy es un gran día, un gran día de mierda.

Echo de menos



Echo de menos que seas lo primero que vea cada mañana al despertar; echo de menos esas tardes en las que nos contábamos todo, bueno no sé si es lo que a mí me gustaría o es que realmente pasaron; echo de menos el poder ser tu amiga, que de esto sí que sé que no lo he sido nunca, pero me hubiese encantado; echo de menos poder ver tu sonrisa siempre que quiera y que confíes en nosotros; echo de menos las buenas palabras sustituyendo los reproches; echo de menos el abrir puertas en vez de cerrarlas de un portazo; echo de menos un abrazo, de los que solo eres capaz de darme tú, y el único que necesito ahora, porque ni mil brazos que me toquen pueden hacerme olvidar los tuyos; echo de menos un te quiero, no porque sean estúpidas palabras que al fin y al cabo no dicen nada, ni porque no lo sepa ya, que lo sé, sino para sentirnos un poco más cerca; echo de menos el miedo a borrar esa canción que sé que me enseñaste tú porque quizás con ella te borre a ti; echo de menos que me necesites como hacías antes; echo de menos sentirme completamente llena contigo en mi vida; echo de menos las risas en el salón de esa gran casa, solas; echo de menos las miradas en secreto, y todas esas cosas que solo tú y yo sabemos que han pasado y que me alegro de poder compartirlas contigo, de tener algo que siempre nos una; echo de menos decirte que si te vas me muero, y no es mentira; echo de menos poder ayudarte siempre; echo de menos que me busques o despertarte por las noches con miedo; echo de menos que lloremos de risa en vez de por esta quemazón que duele tanto, aquí dentro; echo de menos que me eches de menos; te echo de menos a ti, pero no quieres volver.

Echar de menos



Sentir la ausencia y el vacío; ver un hueco, que aunque antes ya era inexistente, ahora te parece horriblemente necesario; mirar cómo pasan las horas ante ti, y tú sigues ahí, sentado esperando a que vuelva, o simplemente llorando porque nunca lo hará; pensar en esas palabras que antes te decía, y ahora no volverás a oír, no de la misma manera, no con el mismo tacto, ni con las mismas ganas, ni con el mismo efecto; recordar aquellas “mariposas” llamadas felicidad que te recorrían entero, de pies a cabeza, sin darte tregua; volver a memorar aquella sonrisa estúpida, pero preciosa, aún si ha sido la más falsa; ver un coche, un mismo movimiento de pelo, la misma sonrisa... y girarte para seguirla; notar el choque del pasado con el presente, recuerdo tras recuerdo, momento tras momento, mirada tras mirada, abrazo tras abrazo; ausencia y más ausencia… Es ver como se te escapa de las manos algo que ni siquiera has tenido.

El mejor



Puedo tenerle miedo a miles de cosas, pero hoy, hoy no he temido a ninguna de ellas; ni la soledad, ni el dolor, ni la oscuridad, ni la muerte, ni la vida. Pero ha llegado el momento que siempre me ha asustado, ahora me he dado cuenta, hace tan solo unos minutos, que te temo a ti. Temo olvidarte, porque eres peor que cualquier otro miedo, tienes poder sobre mí, el suficiente como para hacerme daño, y a la vez quiero “sufrir” por ti. Pero no quiero olvidar quién fuiste, quien eres, ni los escasos momentos que hemos tenido, fechas, lugares, palabras; no quiero dejar de recordarte nunca, porque también sé que no podré dejar de hacerlo. No quiero olvidarme de todos esos recuerdos inexistentes, ya que si los olvido, me olvidaré de todo el daño que me has hecho, y eso no está bien. Tampoco es bueno ser rencorosos, pero tenemos que hallar el equilibrio perfecto y si nos quedamos solo con lo bueno todo sería demasiado irreal, o deprimente, dado que bueno tenemos poco. Y ya no importa dónde estés, si lejos o cerca, no importa verte o no, sólo quiero que no te vayas, quiero sentir que no me has dejado atrás; quiero que, aún si necesidad de hablar, me enseñes a parecerme un poquito más a ti, igual de fría. Y es que no tengo miedo a dejar de verte, tengo miedo a olvidar que durante años te he visto. No tengo miedo a no vivir cerca de ti, tengo miedo a olvidar lo que se sentía cuando lo hacía. No tengo miedo a no volverte a ver sonreír más, tengo miedo a olvidarme de tu risa. No tengo miedo a no volver a sentir tus brazos, tengo miedo de olvidarme de ese calor. No tengo miedo a estar sola, tengo miedo a olvidar que era tu compañía. Hoy no quiero olvidar. Hoy el pasado es el presente. Hoy no “fuiste”, hoy eres la mayor dificultad con la que me he topado en la vida. Ríe, desde donde quiera que estés, no dejes nunca de hacerlo, no dejes de tener esas ansias de dureza, esas ganas de, aún cerca del final, querer ser el mejor.
Porque al fin lo has conseguido. Eres mi mejor dolor, amigo

Las cosas



no valen con demostrarlas un segundo, ni siquiera valen cuando se demuestran un largo período de tiempo. Las cosas hay que demostrarlas en los momentos oportunos y con las personas apropiadas, no sólo cuando es conveniente, porque eso desgasta. No vale con que llores (lágrimas falsas, al fin y al cabo, si fuesen sinceras no se llorarían en esos únicos instantes), tampoco con que jures (juramentos sin peso alguno, carentes de sentido), ni supliques (no debes rogar cosas que realmente no vas a querer). Porque comportarse como te comportas es de caprichosas, porque no se puede querer un día algo y al día siguiente dejarlo, no se puede pedir el cielo si después ni siquiera te vas a dignar a visitarlo, no se puede decir mil promesas que están fuera de tu alcance, no, no se puede. No te puedes arrimar al Sol que más calienta, porque si no sabes cómo actuar te terminas quemando. Todo el mundo tiene su tiempo y así lo desperdicias.


No grites, no llores, no supliques, no crees imposibles, no te detengas, tampoco corras, no te desgastes, ni reposes, no te asustes, no te tranquilices, no te conformes, no repliques. No, no lo hagas. No te construyas tu propia cárcel, no te lastimes precipitándote continuamente al mismo vacío, no crees crucigramas de los que no tienen respuesta, no pienses que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero tampoco vivas pensando en un futuro lejano. No, no hagas nada de lo que te vayas a arrepentir.

¿Que por qué te quiero?



Te quiero por esa canción, que no se si eres capaz de sentir cada una de sus palabras, pero me encanta; te quiero por tu habitación y los recuerdos que guarda; te quiero por los mensajes en desconectado que me dejabas a las tantas de la madrugada; por las palabras que intentan ser sinceras y suenan hirientes, desesperadas; por los abrazos; porque en todo momento me haces sentir guapa. Te quiero porque eres grande, aunque a veces te comportes como un niño, demasiado pequeño; te quiero por tus mentiras; porque la cagas casi siempre y no sé como lo haces pero te perdono; te quiero porque me desquicias, eres cabezón y casi siempre crees tener la razón, aunque te equivocas a menudo. Te quiero porque eres tú, y eres un gran amigo; porque puedo acudir a ti en todo momento que no tardas ni un minuto en venir; porque estás siempre disponible; y porque discutimos muy seguido pero siempre termina en una reconciliación. Te quiero porque no confío en tus palabras casi nunca, pero aún así sigues ahí. Te quiero porque <<No quiero que este momento termine jamás. Donde todo significa nada, sin ti>>, ¿no?

Será nuestro



Unos taburetes aruñados, una pared repleta de camisas, unas canas y un Gin Tonic. Unas lágrimas en un descampado, un cuartel de policía, una carrera detrás de otra persona y unas pocas palabras. Una tarde atípica, un puñado de risas, una hora de retraso y un par de ojos casi negro carbón. Un tres en raya en un baldosín del suelo, un pilla-pilla que conduce a un beso, unas manos de colores pegadas a la pared y una fila por orden de lista para entrar dentro. Una frase de película, una estrella para cada gracias, una canción que hace llorar y una noche entera juntas. Un todas para una, un día de playa, un perdón y demasiadas tonterías. A veces puedes llegar a echar de menos tantas cosas. Personas o momentos. Él, una amiga que se va, otra que ya no quiere estar, ocho años, una noche, y una quedada. Cosas que duelen por su ausencia, y otras que proporcionan orgullo por haber sabido conservarlas.
Las palabras que nunca me llegará a decir, las tantas otras que él no querrá oír. Los te quiero que se extraviaron en el camino. El saber que siempre será una parte de mí, que es ley de vida, pero que se la pasó por los santísimos. Que no se dé cuenta de que estoy cambiando, de que he madurado y de que le necesito porque no tiene tiempo para verme. Que duela no saber de él, pero tener todos los medios necesarios para encontrarle. Querer pedirle que me devuelva mi vida, mis lágrimas y mis risas, ese hueco en mi cabeza y sobre todo, mi tiempo.
Rogarle que vuelva, decirle que la extraño y siento que ha cambiado, como todos. Que me gustaría saber que es de su vida, que hace, que sufre y que la hace vivir, disfrutar. Que deseo que me cuente como es todo ahora sin mi ayuda, si ha sido fácil seguir adelante, si ella también lloró ese día al volver a casa y si aún se acuerda de mí.
Perdonarla porque no nos quiera tanto como debería. Comprender que no todo está cuadriculado y no se puede idealizar la medida con la que le importo. Que me cuente milongas, excusas tontas y yo me las crea. Que venga y diga que me necesita, que nos echa de menos y somos importantes.
Revivir esos recreos. La emoción al traernos el tarro de cristal a casa de Conocimiento del Medio. Las palomas colgando del techo pintadas de negro y con un lema. El camino al colegio. Verla todos los días, defender a mi pequeña. Volver a casa con mil historias estúpidas pero que parecían increíbles.
Secretos que ya sabemos pero que repetimos haciéndolos más intensos. Palabras que unen tanto o más que el pegamento. Preguntas demasiado tontas pero que se ven camufladas por las largas horas. Fantasías y sueños. Mañanas de mal humor porque el despertador suena antes de lo que quisieras. Desayunos llenos de risas pero carentes de palabras. Despedidas que no saben amargas porque sabemos que son un hasta dentro de una hora.
El estar enfadada y verte obligada a perdonar porque sino jamás te perdonarías el desperdiciar una tarde así. Risas en el agua. Partidas a las cartas en la arena. Insultos cariñosos. El lanzar la pelota lejos para que la otra tenga que nadar más. Volver a casa con un par de grados en el cuerpo de más y unas cuantas tristezas de menos. Llegar vacía e irte más llena que nunca, de felicidad y alegría. Satisfacción por estar rodeada de buenas amigas.
Siempre extrañaremos algo, lo bueno es saber que algún día lo tuvimos y si es así, será siempre nuestro.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Amiga




Porque ya no hay estrellas en mi tejado, ni diarios con nombres raros, ni gomas que ensucian más de lo que borran por estar ralladas, ni tardes que pasar sentadas en ese banco, ni piedras que tirar contra esas olas. Porque ya no hay momentos inolvidables, ni sonrisas en latas de coca-cola, ni chicos con camisa verde, ni coches rosas, ni Eminem, Paramore, Tupac o Maroon 5. Ya no hay un mí sin ti.

No hay pelis que ver en el cine, documentales que ver en tu casa, ni pizzas que comer en mi terraza. Ya no hay esas ganas de plasmar mis deseos en un cuadro si no es contigo. No hay fotos que se guardan pero no se enseñan. Ni cumpleaños sorpresa que merezcan la pena. Ni largas horas conectadas, ni tonterías que contarnos. Ya no hay “son unos capullos”, ni “es que estamos compenetradas”, ni “SL´s” que valgan.

Y ¡joder! Yo sigo esperando ese avión-estrella, esa mariposa blanca, esos brazos pequeños abrazándome cuando las palabras no bastan.

Y ahora solo espero que leas esto, porque sé que cuando lo hagas se te moverá algo dentro, y me echarás, aunque sea un poco, de menos. Porque sé que aquí la única que sufre no soy yo. Pero amiga, no sé que más señales lanzarle al cielo para que lleguen a ti, para que veas que te necesito, que sin ti ya no soy lo mismo. Que sin un nosotras las cosas se ven de otra manera.

Porque todo va peor sin ti y no sé qué hacer para que te des cuenta. Para que entiendas que has sido una importantísima parte de mi vida y no sé si quiero seguir sin ella. Que comprendas que quiero que vuelvas. Que sepas con total certeza que aunque sea tozuda siempre estaré aquí con la puerta medio-abierta. Que se te grabe en la cabeza que solo quiero que seas como antes, que me sigas necesitando, teniendo primero y llamando por cagadas. Que saques tiempo hasta del que no tienes para estar conmigo y poder hacerte reír con cualquier pavada. Que puede sonar exigente, egoísta o demasiado posesivo. Pero no quiero perderte aún. Porque antes tú eras yo, y yo era tú. Y no nos hacía falta nada más para sonreír, solo saber que ambas estábamos aquí. En el punto exacto, con ese gran cariño como único contacto.

Napoleón



"La grandeza no se mide del suelo a la cabeza sino de la cabeza al cielo"

Ganas de nada



Es difícil saber que se siente en esas situaciones, pero mucho más difícil es estar dentro de ellas. Y es que las ganas de morir vienen de las propias ganas de vivir. Es que quien vive, inevitablemente siente. Y quien siente, continuamente muere.

Y las ganas de morir no son ganas de no vivir, son ganas de acabar con esta rutina tan jodida. Y las ganas de morir no son las ganas de terminar allí, bajo tierra y sirviendo como abono para otras formas de vida. Las ganas de morir son no saber donde estar y perder el sentido. Son ver que algo duele tanto y tan dentro que llega un punto en que se vuelve insoportable. Son respirar por obligación. Son autodestruirte un poquito porque no eres lo suficientemente valiente como para hacerlo por completo. Son vivir a costa de lo que los demás dicen y no de nuestra propia boca.

Las ganas de morir son las que te incitan a muchas cosas, pero lo mejor de ellas, es que te llevan a cambiar tu vida. Y hay gente que no entiende eso, hasta se olvidan de que ellos cuando menos lo esperen lo sentirán o ya lo han sentido. Hay gente que intenta estar pero realmente no te entiende, o no quiere. Hay gente que tacha, juzga y critica sin saber por qué, para qué, ni si deberían. Hay gente que no sabe lo que duele ni comprende que por muy bien que estemos, todos lo pasamos. Y uno no se puede olvidar de eso.

Y tristemente yo sí lo entiendo. Porque no quiero vivir de las cosas que dijo o dije. Porque últimamente sé más de las ganas de morir que la propia muerte.

jueves, 24 de noviembre de 2011

A enemigo que huye,



puente de plata.

Literal




Si todo lo que hago, digo o pienso fuera literal, ya me habría tragado la lengua a base de mordiscos, me faltarían venas en el cuerpo para cortarme, tendría a mis espaldas un amplio repertorio de delitos, habría triplicado las siete vidas de un gato, y estaría rodeada de piedras tiradas por ninguna mano.

martes, 22 de noviembre de 2011

lunes, 21 de noviembre de 2011

sábado, 19 de noviembre de 2011

La mejor persona



{…}

- ¿Y qué sientes ahora mismo?

+ Siento que jamás habrá una mañana en la que me levante y no piense en su sonrisa; siento que si un día al volver a casa no está esperándome pierdo el sentido de mi vida; siento que si la perfección existe en este Planeta es porque está su presencia; siento que por más que digan que el No.I Imperial Majesty es el más caro del mundo, el olor de sus camisas le da mil y una vueltas; siento que me faltan vidas para pagarle todo lo que ha hecho por mí en esta; siento que solo porque esté a mi lado le rezaría a todos los dioses que haya en el firmamento aunque sea atea.

- ¿Entonces estás enamorada?

+ Joder, ¡Síííí!

- ¿De quién?

+ De la persona más especial de la galaxia entera.

- ¿Y como se llama?

+ La verdad es que tiene nombre y apellidos, pero yo prefiero llamarla mamá a secas.

jueves, 17 de noviembre de 2011

El dolor es pasajero, la satisfacción de haberlo superado se queda para siempre

Porque hay veces en las que es mejor dejar en off al corazón y poner en práctica la cabeza. Porque no consiste en querer más y mejor, sino en vivir como quieras aún costándote, solo a veces, el corazón.

Y vuelvo a las andadas,



porque camino recorrido es ventaja ganada.

martes, 15 de noviembre de 2011

lunes, 14 de noviembre de 2011

El alquimista




"Y un guerrero es siempre consciente de aquello por lo que vale la pena luchar. No entra en combates que no le interesan, y nunca pierde su tiempo en provocaciones. Un guerrero acepta la derrota. No la trata como algo indiferente, ni intenta transformarla en victoria. Se amarga con el dolor de la pérdida, sufre con la indiferencia y se desespera con la soledad. Pero después de que pasa todo esto, lame sus heridas y recomienza todo otra vez. Un guerrero sabe que una guerra está compuesta por muchas batallas. Y sigue adelante."
Paulo Coelho

No eres tú



Ya no eres tú, tú a mí no me entiendes, hablas más de lo que sabes sin tener ni puta idea de que hay cosas que duelen donde nadie puede verte. Porque no, no eres tú quien siente esta puta presión dentro, no en el pecho sino en la garganta, que no te permite apenas respirar, que te deja sin habla, que te persigue constantemente, subiendo y bajando por todo tu cuerpo, teniendo el foco en el mismo centro, en ti, dentro de ti. ¿Angustia? Una mierda, ¿rabia? Ni hablar, ¿decepción? Mucho menos, ¿rencor? Ni si quiera sé lo que es eso, ¿dolor?
No entiendes nada, solo eres otra bocazas, hablas más de lo que debes, piensas menos de lo que tu cerebro necesita. No eres tú quien siente que vive con una olla exprés en lugar de una cabeza; con una bomba pegada al cuerpo, clavada en tus huesos. No eres tú quien carga con todo este peso. Quien por más te quiero´s que oiga, no se conforma con eso. Quien cuando la miran parece que no ven la misma persona que realmente es. Quien tiene que vestirse todos los días con la misma jodida imagen de mala, hija de puta y sin  sentimientos, sin tan si quiera saberlo. Quien, aunque no lo crean, se cansa de todo esto. Porque nadie es como se refleja en un espejo, porque somos como nos vestimos por dentro. Porque no me jodas, por más que no lo quieras ver o lo ignores a mí también me hacen daño, a mí también me retuercen algunas cosas, también me queman bien adentro otras.
¿Y qué narices quieres que te diga? ¿Qué me jodes la vida? ¿Qué no me interesa ser tu amiga? ¿Qué me duelen tus palabras y mentiras? ¿Qué pienso en ti todos los putos días? Pensé que todo eso ya lo sabías.

Me importa una mierda




si me criticas o te callas. Si te parezco guapa o de fea me tachas. Si eres de las que van a las espaldas o si asumes las consecuencias de lo que hablas. Si me quieres o en tus sueños me matas. Si no te atreves o si me partirías la cara. Si te crees que voy de buena o directamente soy mala. Si eres de las que hacen o solo ladras.

Porque al fin soy yo



Soy yo quien te dice como estamos de jodidas. Quien te recuerda cuan zorra es la vida. Quien te demuestra que tú no ganas la partida. Quien te asegura que para guarra ya estás tú, amiga. Quien a pesar de ser como soy, con mis defectos y virtudes, guapa o fea, tiene todo lo que tú desearías.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Dicen



Dicen por ahí que dicen que agua pasada no mueve molino, pero que el pasado siempre vuelve. Que no lo hace quien quiere sino quien puede, pero que más consigue el quiere que el que puede. Que detrás de la tormenta viene la calma, pero que al final las cosas nunca cambian. Que las verdades duelen, pero que las mentiras matan. Que todos merecemos una segunda oportunidad, pero que segundas partes nunca fueron buenas. Que a la tercera va a la vencida, pero que si no funcionó a la primera no lo hará más. Que cuanto más quieres más pierdes, pero que en la vida nunca hay que conformarse con ser conformista. Que la clave del éxito es la confianza, pero que la confianza da asco. Que las apariencias engañan, pero que la primera impresión es la que cuenta. Que más sabe el diablo por viejo que por diablo, pero que tú rompes el molde. Que si te duele esperas porque todo lo que escuece cura, pero que si te pica te rascas. Que a todo cerdo le llega su san Martín, pero que mala hierba nunca muere. Que el que avisa no es traidor, pero que hay demasiado boca-chancla. Que si te he visto no me acuerdo porque a rey muerto rey puesto.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Vive



Vive siendo consciente de que siempre van a lastimarnos y no por ello significa que nos quieran menos, simplemente que no todos sabemos cómo hacerlo. Vive siendo consciente de que a veces, la vida no tiene un sentido exacto ni tampoco un rumbo definido, pero te juro, te aseguro que vale la pena vivirla. Vive siendo consciente de que el hecho de que hagamos cosas mal, no quiere decir que seamos malos. Vive siendo consciente de que nadie tiene el derecho suficiente para infravalorarnos, tratarnos mal o desprestigiarnos, pues ni siquiera nosotros mismos podemos hacerlo. Vive siendo consciente de que con el orgullo no se llega a ningún lado y es preferible aparcarlo unas cuantas veces a quedarnos llenos de él pero sin nadie por quién perderlo cuando comprendamos que esto es, en ocasiones, un paso necesario. Vive siendo consciente de que no todo el mundo va a querernos, pero eso no significa que no puedan llegar a hacerlo. Vive siendo consciente de que una sonrisa, aunque nosotros no la necesitemos, a otros le alegrará el día. Vive siendo consciente de que la vida se puede mirar desde demasiados prismas y no siempre el nuestro es el correcto. Vive siendo consciente de que aunque nos pongamos en la piel del otro, no todos los fallos de los demás son justificables, pero todo el mundo deseamos oír un “estás perdonado”. Vive siendo consciente de que la vida es demasiado corta como para perderla con enfados tontos y rencores mal acumulados. Vive siendo consciente en todo momento de que eres perfecto, aunque esa perfección este compuesta por miles de desperfectos.

Lo eternamente todo.



No hay nada que puedas hacer que sea imposible, ni nada que digas que no se pueda decir, ni nada que toques que no se pueda tocar, ya que todos podemos con todo, sin ninguna excepción. Pero si que puedes hacer algo de tal manera, que se convierta tuyo; decir algo de tal manera, que marque la diferencia; tocar algo de tal manera, que no quiera o deba ser tocado por otras manos. Y eso entonces será lo que te destaque a ti como persona, lo que te separe del resto. Y aunque el tiempo pase y otros puedan hacer lo mismo, eso que ha surgido en ti será lo eternamente verdadero, lo eternamente hermoso, en definitiva, lo eternamente bueno.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Mis tardes-noches de Noviembre




Y como si nunca nos hubiéramos conocido, te tumbabas en el otro lado de la cama y te presentabas de nuevo. <<Vengo y me presento, soy Alberto, y haber como te lo cuento. ¿Sabes? Yo te llevo observando desde hace tiempo, y no me lo invento. Cocino, pinto un puente, hago rap y la voltereta de espaldas, si con eso te demuestro que continuamente disparas a mi corazón, ¡y no fallas!>>. Y yo sonreía. Luego seguías. <<No quiero que pienses que soy un loco, un aprovechado, un psicópata, un violador, o ¡al carajo! Ahora solo tengo ganas borrar tus inseguridades de cuajo>>. E íbamos conociéndonos, ambos sabiendo que después de cinco minutos ya habría vuelto a surgir lo nuestro. Me volvías a enamorar, y yo no te podía parar de mirar. Y cada vez la distancia era menos, tú y tus tontos gestos, yo y mis tontos <<creo que te quiero>>. Tus sonrisas, mis miradas; las caricias “olvidadas”, nuestras carcajadas sofocadas. Y aunque te pasases horas enteras en el lado derecho de la cama sin moverte un solo milímetro, no había mañana que tocase en nuestra ventana, en la que yo no amaneciera pegada a tu cuerpo entre las sabanas arrugadas, con tus manos recorriéndome con delicadeza, tras un “ven aquí, princesa”.

Y así eran mis tardes-noches de Noviembre, donde nada es como siempre, donde la locura llega sin ser Viernes. Porque le dabas la vuelta a mi mundo, me ponías patas-abajo, dejando que la sangre acariciara mi cerebro, haciéndome dudar de si era realidad o sueños, porque del día y la noche tú eras dueño, porque en cualquiera de ellos mandabas, donde de noche me vivías toda y de día me cantabas nanas.

Me da igual




Y es que quiero gritar pegada a tu costado, men. Quiero reír como en aquella película de American Pie, ¿ves? Quiero pirarme contigo sin que me cuentes tu vida, nada de tus fallos o folla-amigas. Que no me importa si te marcas metas o vives al día.


Que me importa menos, si te comen o no los celos. Si te has tirado a muchas rubias o si ni siquiera te acuerdas de su pelo. Que me importa bien poco si eres de los que disparan antes de hablar o esperas a que lo hagan otros. Que no me interesa si entras o sales. Si ganas o pierdes. Si te enrollas o te rallas. Si llevas gorra o te van las zorras. Me vale un pimiento, si eres capaz de vender arena en el desierto. Que no me interesa ninguno de tus cuentos, que si tú mientes yo te miento. Que no me adelantas aunque hagas el intento.


Que me da igual si eres un musculitos de los de el anuncio de "Just For Men", si me dices vamos o ven. No me interesa tu familia, tus creencias, tus amigos, tus pequeñas manías, tus grandes fantasías; todo eso lo mando al carajo, que a mí me va más el tamaño de tu cerebro que lo que escondas ahí abajo. Me viene al gorro tu pasado, tus malos modos, tus desagrados. Que no te he pedido que me cuentes tu historia, que para eso me voy a ver un rato La Noria.


Y es que yo solo quiero gritar pegada a tu costado, men. Quiero reír como en aquella película de American Pie, ¿ves? Que yo quiero que esto sea como un tiovivo, que no se convierta en otro puto timo. Que me importa tu ahora; no ayer, mañana o pasado. Que si no sale, nos vamos.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Querido


Ven, esconde tus secretos bajo mi piel. Hazme gritar todo lo que tú no puedas decir. Escribe en mi espalda cosas que yo no pueda ver. Y no vuelvas si todo va a ser igual esta vez. Porque dirás que he cambiado, y si es verdad, yo prefiero no saberlo. Porque dirás que no soy la misma de antes, pero quizás no te habrás dado cuenta de que ninguno lo somos ya.

Han pasado meses que casi me parecen años. Y yo quiero verte, pero no puedo buscarte. Te he pensado muchas veces en todo este tiempo, me he acordado de tu lengua y tus llamadas. Aquí está muy frío, justo como tú quisiste que estuviera. Vives en el mundo sin sentido, justo como yo te dije que sería. Ahora los malos se dejan llevar por sus remordimientos y dicen que quieren ser buenos, incluso los ángeles mienten para compensar este desequilibrio en un patético intento.

Tú ya no me quieres, y ahora soy yo la que te quiere a ti. De la misma manera que decías que lo hacías tú. Con esa clase de amor que los enamoradizos desean sentir, con esa clase de amor que duele hasta el punto de dejarte sin habla.

Te he echado mucho de menos últimamente. Y no sé sinceramente como es que todo esto sigue sin ti. No es que sea más difícil de lo normal, es que me he dado cuenta de que te quiero. No es que no pueda vivir sin ti, es que contigo sentía esa comodidad, esa manera de sentir que en todo momento estaba siendo observada, esa manera de notar que, aunque dijese que no, sabía que no sería igual.

Antes siempre me preguntabas en que pensaba, y yo nunca te lo decía. Era algo demasiado simple, pero mío. Hoy estoy pensando en Penélope y Ulises. En ella sin él. En su desesperado intento de alargar la espera. En sus mentiras. En si eran justificadas. En sus esperanzas. En si era lógico que siguiesen ahí, con ella. Es triste, ella sin él, ¿él sin ella? Porque Penélope le esperaba, esperaba al amor de su vida y mientras él la abandonaba. Prefirió recorrer el mundo en busca de aventuras en lugar de quedarse junto a su amada.

El amor es caprichoso, ¿verdad? Mientras una quiera mucho, el otro querrá menos. Y viceversa. Nunca hallarás el equilibrio perfecto, ese punto en el que los dos tiren por igual, porque si es posible, no puedes bajar la guardia. Siempre debes encargarte de que estéis tirando lo mismo. Y aunque estéis compensados, aunque latáis de la misma manera, aún así a uno de los dos le parecerá que no va bien, que no vais a la par. Entonces todo empeorará. Y llegan las discusiones, el dolor, el rencor, incluso el odio (de ahí eso de “Del amor al odio hay un paso”) Pero ¿sabes? El odio se puede llegar a olvidar, se puede olvidar la rabia, lo más seguro es que lo olvides. Pero querer, amar a alguien, eso no se olvida ¡porque te hace sentir bien! Y todo lo que proporciona placer es inolvidable.

Y yo ahora no te puedo olvidar. Porque me hacías sentir tan bien. Porque ya no son importante los regalos, ni las sonrisas, ni el sexo. Ahora lo único que me importa es esa sensación, esa bobería que me inundaba cuando te tenía cerca. ¡Pero no vuelvas! Ya no vuelvas. Porque estamos rotos, porque se acabó, porque las segundas partes nunca fueron buenas. Y porque uno de los dos va a tirar más que el otro notablemente. Y no quiero odiarte.

Así que si aún me quieres, no me lo hagas saber.

Querido Gaetano


Como Julieta cuando conoció a su Romeo, como el capitán Garfio cuando capturó a Campanilla, como esa estrella cuando se enteró de que se habían enamorado de ella, como España cuando ganó el mundial. Así me sentí.

Llegaste con versos, lleno de luz, destacando entre el montón y ganándote mi corazón por goleada. Y tú eres ese lugar perfecto, donde puedo crear un Universo paralelo, donde no tengo miedo, donde puedo vivir sin dormir un solo segundo porque tú eres mi sueño. Tú eres eso, Tano. Y aunque no pueda verte, aunque no pueda tenerte, aunque no lo diga. Te quiero. Por todas esas mañanas en las que no he podido despertar en tu pecho, por todos esos desayunos que me perdí viéndote tranquilo y pausado, por todas esas películas en el salón de una casa que tan siquiera existe, por todas las palabras que no te di tiempo a decirme, por todas las prohibiciones que te puse; por ti y el olor de tu ropa, por mí y esas noches de copas. Te quiero. Porque si tú no lo sabes yo te lo recuerdo, naciste para ser perfecto milímetro a milímetro de tu cuerpo, desde las quemadas puntas de tu pelo rubio hasta las desgastadas suelas de tus zapatos viejos. Te quiero por muchos motivos que te hacen permanecer en mí a cada momento. Y eso no necesita ser escrito.

No espero respuesta alguna ya que esto se perderá en el fondo de algún cajón lejos de mi casa, lejos de la tuya, de tu corazón, del mío, de este amor. Solo espero que todos estos pensamientos permanezcan impunes, sanos, cuidados. Acaso por un loco enfermo de amor que desee mandárselos a su amada, o sabe Dios por quién. Solo espero que nadie los ensucie deshonestamente, prestando más atención al bienqueda que al sientemucho. Y sobre todo, a ti que no los leerás, te ahorren lágrimas, tiempo y pedazos de un corazón viejo que no está para sufrir más roturas ya que en tu corta vida lo han dañado mucho.

A usted



A usted que sus manos podrían sanar hasta los ojos de un ciego. A usted que su boca no está hecha para ser profanada con unos impuros labios. A usted que ni el mayor gañán del Planeta debería mentirle, y si no es así y lo hace, no debiera ser tratado como un hombre. A usted que no se merece derramar ni el más mínimo vestigio de infelicidad puesto que se nublaría el cielo y dejarían de haber estrellas. A usted que es perfecta y no lo sabe.


Ansío hacerla saber que aún sin darse cuenta de ello, en todo momento se ve guapa. Ansío hacerla comprender que en el firmamento entero no hay dulzura singular ni comparable a la que usted posee. Ansío darle constancia de que la diseñaron para encarnar la belleza.


A usted, no malgaste su preciado tiempo con instantes pasajeros. Mucho menos, le entregue el corazón a cualquiera, puesto que podría maltratarlo y no fue creada para sufrir.


A usted, que no posee una cara en concreto, pero que habla por el resto de mujeres que hay en el mundo. A usted, que es todo, y nunca será nada. A usted, que es la puerta del paraíso y la salida del infierno. A usted, que cualquiera podría enamorarse de una mujer así, con tal talante y presencia.


Porque todo lo que le rodea la hace aún más maravillosa, desde el simple hecho de tener la sonrisa más hermosa del Universo entero, hasta el punto de que en este preciso momento esté leyendo esta carta y no sabe que todo lo que está aquí escrito no va por otra que no sea usted.


A usted que es mujer, y eso la hace aún más perfecta.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Ella y sus días



Y como todas las mañanas, se levanta, se viste a las prisas y camina por la oscura casa hacía la puerta. Entra en el coche, y va al trabajo. Y antes de que haya subido el gran portón, ya tiene gente fuera esperando su café de las seis de la mañana. Ella sonríe como siempre, de esa manera que la hace tan perfecta; caminando sobre sus finas piernas, colocándose su rubio pelo a los lados, haciendo que mirarla sea aún mejor de lo que se podría imaginar. Porque ella es así, porque ella es fuerte. Porque aunque pocos lo sepan, ella ha sufrido en la vida. Porque aun con eso, tiene una sonrisa para cada día.

Luego hace lo pertinente, ordena todo un poco y tan rápido como puede, pero siempre haciéndolo bien. Y vuelve a centrarse (como no ha dejado de hacerlo en ningún momento) en el trabajo. Ella es un ejemplo de superación, buscarse la vida y sobre todo, un ejemplo a seguir. Porque no lo ha hecho todo bien, porque se ha equivocado muchas veces, tiene demasiado carácter; pero es clara, luchadora.

Tras una larga e intensa jornada, llega a casa y todavía con sonrisas. Aunque esta vez más sincera, más transparente, más agotada. Está cansada, lo dicen sus ojos ambarinos, llorosos, pero aún así cálidos, seguros. ¡Y su día aún no ha terminado! Tal vez acabe de comenzar. Que si les atiende a ellos, que si escucha las tontas peleas de ellas, que si ordena, limpia, en fin, ¡trabaja!

Y por fin se sienta, a desconectar del mundo, a descansar lo poco que tiene permitido. ¿Y quién le hubiera dicho cuando recorría el pueblo entero con su triciclo como única compañía, que este sería su futuro? Pero aquí no acaba todo, tan solo son las siete y todavía le queda día por delante. Quizá algún estúpido roce, o tal vez un capricho desconsiderado, un reproche egoísta, un querer todo sin saber por qué, o cualquier otra pamplina que lo pueda empeorar, pero que es su pan de cada día. Y respira hondo, tranquila. Ve a sus pequeñas, y piensa ¡Qué no daría ella porque todos sus problemas fueran esos! Pero aún así piensa, y sufre más ella que sus niñas. Porque siente cada uno de sus disgustos como si fueran los suyos, porque parece ser que un hijo sí que duele en el alma. Pero ellas no entienden nada. Tan solo muestran rebeldía, ganas de vivir y comerse el mundo, ¡sin pensar que ella va dentro! Son jóvenes, demasiado para saber lo dura que puede llegar a ser la vida, y aunque le duelen, aunque le hacen daño, aún así ella lo perdona todo. Porque está en su naturaleza, porque solo hace falta mirarla para saber que no tardará en hacerlo, porque es madre y es perfecta.

Y finalmente duerme, en el otoño de su vida, en el ocaso de su día, en el filo de su melancolía. Para tras unas pocas horas, volverse a despertar y continuar con el ciclo tan inevitable y cerrado en el que se ha convertido su vida.