sábado, 24 de diciembre de 2011

Adiós

<<Adiós>> Porque no se puede decir nada más, porque como bien dijo, ya es bastante difícil de decir esto como para añadirle suplementos. Porque una parte de ti sabe que es lo correcto, pero ¿y si se está equivocando esa parte? ¿Si no es lo mejor? Porque luego viene tu otra mitad, tu “¡¿qué coño haces tonta?!”. Y ahí te quedas. Sin saber qué hacer, sin saber qué decir, pero sin vuelta atrás. Ya lo hiciste y se acabó. Pero hay momentos en la vida en los que hay que aparcar el corazón, porque tienes que coger aire, cerrar los ojos, y moverte con la cabeza. Porque esta es la edad del olvido y la superación. Porque no importa sufrir un daño, por evitar uno mayor… O no.


miércoles, 21 de diciembre de 2011

Y no sé



Y no sé qué coño fue lo que le vi. Quizá fue como me sentí, sí, quizás como me hizo sentir. Porque la verdad, seamos claros, no tenía nada por lo que destacar, no tenía nada que brillase en él. Pero cuando estaba conmigo… yo sí brillaba a su lado, me hacía brillar.

Y nos dijimos cosas muy feas. La verdad es que lo echamos todo a perder. Continuamente. Nos rompimos por todos los lados. Nos quemamos con cada beso. No sé, nos desgastamos. Y como todo, pasó a ratos. Tan pronto lo vimos como se nos escapó volando. Tan pronto estábamos como no lo hacíamos. Y no sé, nunca me ha costado tanto.

Nunca había deseado con estas ganas olvidar a nadie. Nunca había odiado de tal manera, ni había llorado hasta sentir como ardían mis retinas. Nunca me había sentido tan desnuda ni me había visto tan por dentro. Ya sabes. Jodida y destrozada, como todos cuando nos quedamos a solas con nosotros mismos, cuando buscamos y no encontramos eso. Y no sé, nunca me ha dolido tanto.

Nunca habíamos llegado al final de este puto tormento. Nunca habíamos visto la famosa lucecilla, ni habíamos dejado de girar porque ya no quedaba cuerda, ni habíamos cumplido con nuestra jodida promesa. Nunca nos habíamos dicho adiós de verdad, nunca habíamos ido acorde con nuestros deseos… hasta este preciso momento.

Hasta nunca decimos, hasta nunca al mismo ritmo y sin peros; porque esta vez estamos cansados, porque esta noche ya no hay tequieros.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Son mi oxigeno, mi carbono y mi puta tabla periódica entera.



Que a mí la vida me ha dado bien fuerte y por todos los lados. Que han ayudado ellos, incluso yo misma. Que también he pensado ¿tan hija de puta soy? Y me he sentido una mierda. Que me he vendido en muchas ocasiones por cuatro duros, por decirlo de alguna manera. Que me he topado con las personas equivocadas, o las he visto de una manera que no debería. Que me han jodido y, sobre todo, he jodido. Que he llegado a plantearme si todo lo que toco se pudre tanto o más de lo que lo hacía yo por dentro. Y que la verdad, nada ha sido fácil. Porque hace un año justo, estaba pasando el peor día de mi vida. Pero este… este me he dado cuenta de que tengo una suerte loca. Que aunque las pase putas muchas veces, eso merece la pena si voy a terminar año tras año de esta manera. Porque eso significa que estoy viva, y ellos están conmigo. Porque la verdad, son mi oxígeno, mi carbono y mi puta tabla periódica entera. Porque ¡joder! Son las mejores, y él… él siempre será él aunque guste y duela. Porque ¿qué más se puede pedir teniéndoles a ellos? Que sí, que ya lo sé. Que no tengo una familia idílica y no soy la tía más perfecta que se merece lo que tiene. Pero tengo unas amigas que son mucho más que eso, que esa palabra se les queda corta, y una familia que si fuera como la de las películas no sería tan imprescindible como esta. Así que sí, no necesito nada más, porque estoy completa, porque si no me lleno yo, ya me rellenan ellas.

martes, 13 de diciembre de 2011

Y lo he sentido




Y entiendo que ya no pienses en mí, que en tu camino te hayas tropezado con otra piedra y estés centrado en ella. Que tu error ya no soy yo. Que tu centro de atención, no sigo siendo yo.

Pero hoy he vuelto a recordar esos momentos tirados en el suelo mientras nos reíamos por nada, o tumbados en el sofá viendo esas películas tan malas. Y lo he sentido. Lo que solo una persona había conseguido hacerme sentir antes, lo que solo alguien así podría hacerme sentir. ¡No! Miento, no alguien así, sino unos pensamientos así. Sí, eso es. De esos que mueven algo, de esos que te llenan de un todo y un nada, de esos que te terminan empachando, ¡de tanto vacío! De esos que sacan lo peor de ti, lo más oscuro, pero también lo mejor; como esas caricias.

Y lo he sentido. Ese tremendo abismo en mi pecho, como si fuera un precipicio. Tanto que me hacía sentir que me dolía el cuerpo entero de puro vértigo, todo me flaqueaba, incluso la lengua. Un dolor punzante y que parece ser hasta físico, pero todos sabemos que es más de dentro, de donde realmente duelen las cosas, del alma. Un dolor agudo y horrible. Un dolor insoportable porque en realidad no es más que nada. Es sentir como tus venas están formadas por una dura oquedad y solo eres piel. Porque dentro hay un vacío, inexistente, pero vacío. Es un no sé qué y qué sé yo, que ni te imaginas.

Pero siempre ganan. Las ganas de volver a sentirlo ganan. Porque es doloroso, pero es un dolor que de cierta manera gusta. Ya sabes “sarna con gusto, no pica”. Y este dolor si se basa en ti, casi ni duele. Aunque no haya vuelta atrás, aunque no haya forma de evitarlo; ya que los dos sabemos que no sabes ser amigo mío, porque, admitámoslo, ¡no sabes!

lunes, 12 de diciembre de 2011

Tú, que hacías alarde




Tú, que lo dabas todo por tus amistades.
Tú, que alardeabas de fidelidad, de marcar la diferencia.
Tú, que te enfadabas si te encontraban el más mínimo parecido con los demás.
Tú, que jurabas no decepcionar a nadie, mucho menos a esa "querida compañía".
Tú, que moverías cielo y Tierra por esa sonrisa.
Tú, que predicabas tu cariño, tu devoción, tu obsesión por esa persona, tu "todo", que asegurabas que era una de los mejores seres con los que podrías haberte cruzado en la vida.
Tú, que intentabas destacar y realmente no ser igual, nunca.
Tú, que te ofendías nada más que porque se planteaban tu sinceridad.
Tú, que te dolías una barbaridad si decían que esa persona no era la orna para tu zapato, que tarde o temprano no estarías.
Tú, que reprochabas cada una de las palabras que creías que iban en contra de tus sentimientos, en contra de tu moral, en contra de lo que creías que serías capaz de hacer.

Tú, que le fallaste a la primera de cambio; quizás por impotencia, quizás por no saber, quizás por cobardía; pero que al fin y al cabo, fallaste.
Tú, que te vendiste por cuatro palabras bien dichas en el momento oportuno, que demostraste ser igual.
Tú, que de pronto hiciste algo doloroso, que la defraudaste.
Tú, que te quedaste quieto mientras se apagaba, y lloraba, lloraba para dentro.
Tú, que incluso luchaste en su contra, demostrando odio.
Tú, que repetiste los mismos errores una y otra vez, cayendo en redundancias.
Tú, que mentiste.
Tú, que te fuiste con otras manos, con otros labios de palabras totalmente contrarias.
Tú, que te echaste tierra sobre tu tejado, que cavaste tu propia tumba, que intentaste luchar contra lo invencible, en una batalla imposible, que te enfrentaste a ti mismo.
Tú, que "tu querida compañía" no sabe dónde estás.

lunes, 5 de diciembre de 2011

El dolor




Antes me tapaba para que el dolor de los demás no me alcanzase, ahora le tapo a él, para que los demás no lo vean.

Dos caras



Son como esas monedas con taras. De esas que sin darte cuenta, tienen dos caras. Porque te miran y tienen una mirada bien sincera, pero las manos cargadas de puñales.

- Oye, ¿tienes novio?




+No.
- ¿Por qué?
+ Porque no encuentro al chico que me quiera. ¿Y tú? ¿Tienes novia?
- No.
+ ¿Por qué?
- Porque aunque me tienes delante no me encuentras.

domingo, 4 de diciembre de 2011

En los dos lados




En la vida está el lado bueno y el lado malo. Es decir, el lado que nos conviene y el lado que no tanto. El lado que les gustaría que adoptásemos y el lado que nadie querría pisar para ir a visitarnos. El lado que supuestamente nos proporcionará la buena vida y el lado que nos joderá del todo. El lado al que deberíamos supeditarnos y el lado que nos tienta a cada rato. El lado que nos ilusiona con un sucedáneo de la felicidad deseada y el lado que nos induce al equívoco. El lado meramente casto y el lado en el que nos rodea una consecución de caracteres adulterados. Y todos pasamos por ambos lados, aunque sea rozando.

Incluso por el más degradado y corrompido. Un lado en el que nada se concede gratis. Que te hace hostiarte contra la cruda realidad. Que te muestra la cara más jodida de esa sensación de falso entusiasmo, de patético buen rollito, de ficticios te quiero. El lado que puede llevarnos hasta prostituir nuestra propia alma. El lado en el que deseamos una felicidad intrincada y que constantemente nos esquiva. Un lado en el que nos prestamos a los vicios, a los placeres sectarios que nos arrollan a una espiral de sin razones. Un lado que nos conduce a la autodestrucción y nos vende una belleza vacía puramente superficial. Un lado en el que nuestro cuerpo y mente están atrapados en las adicciones más salvajes.

Pero, ¿Y qué pasa cuando solo existimos en ese lado?

Un lado donde tenemos una vida que no es intermitente. Una vida que te aleja de la evasión, de una huida artificial. Que te introduce en lo más profundo de tu infierno. Que se cierra sobre ti. Que te empuja con una fuerza animal o abismal. Terrible, brutal, inexorable. Una vida con ideales inalcanzables, pero real. Donde existimos, donde superamos nuestros problemas y vivimos, aunque sea de una imitación. Una vida que se termina convirtiendo en la única salida. Una vida que a pesar de ser jodida, ¡es vida! Y quieras que no, a veces, esto compensa. Y es que tanto rollo con el infierno, que nadie le ve lo bueno.