domingo, 4 de diciembre de 2011

En los dos lados




En la vida está el lado bueno y el lado malo. Es decir, el lado que nos conviene y el lado que no tanto. El lado que les gustaría que adoptásemos y el lado que nadie querría pisar para ir a visitarnos. El lado que supuestamente nos proporcionará la buena vida y el lado que nos joderá del todo. El lado al que deberíamos supeditarnos y el lado que nos tienta a cada rato. El lado que nos ilusiona con un sucedáneo de la felicidad deseada y el lado que nos induce al equívoco. El lado meramente casto y el lado en el que nos rodea una consecución de caracteres adulterados. Y todos pasamos por ambos lados, aunque sea rozando.

Incluso por el más degradado y corrompido. Un lado en el que nada se concede gratis. Que te hace hostiarte contra la cruda realidad. Que te muestra la cara más jodida de esa sensación de falso entusiasmo, de patético buen rollito, de ficticios te quiero. El lado que puede llevarnos hasta prostituir nuestra propia alma. El lado en el que deseamos una felicidad intrincada y que constantemente nos esquiva. Un lado en el que nos prestamos a los vicios, a los placeres sectarios que nos arrollan a una espiral de sin razones. Un lado que nos conduce a la autodestrucción y nos vende una belleza vacía puramente superficial. Un lado en el que nuestro cuerpo y mente están atrapados en las adicciones más salvajes.

Pero, ¿Y qué pasa cuando solo existimos en ese lado?

Un lado donde tenemos una vida que no es intermitente. Una vida que te aleja de la evasión, de una huida artificial. Que te introduce en lo más profundo de tu infierno. Que se cierra sobre ti. Que te empuja con una fuerza animal o abismal. Terrible, brutal, inexorable. Una vida con ideales inalcanzables, pero real. Donde existimos, donde superamos nuestros problemas y vivimos, aunque sea de una imitación. Una vida que se termina convirtiendo en la única salida. Una vida que a pesar de ser jodida, ¡es vida! Y quieras que no, a veces, esto compensa. Y es que tanto rollo con el infierno, que nadie le ve lo bueno.

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