domingo, 8 de enero de 2012

Dime





Después de todo, esto resultó ser un completo desatino, otra de tus burdas farsas, un auténtico timo. Y si no, a ver, ¡dime! Dime cuántas lágrimas no te habré llorado y cuántas me has llorado tú a mí. Dime cuántas tonterías dije sentada en ese muro blanco y desgastado. Dime cuántos oídos me habrán oído y se habrán burlado. Dime quien fue verdaderamente el que me enseñó a nadar, si tú o él. Dime si sabes acaso cuántas veces he pasado a la acción y me he hostiado. Dime cuantos hielos he atrapado entre mis manos y he dejado que se derritieran “quemándome” mientras sonaba de fondo tu vieja máquina expendedora de cubitos de agua helada. Dime cuántas veces me habré tapado con la manta milímetro a milímetro para no oíros. Dime cuál es la camisa que más miraba mientras te esperaba entreteniéndome con su color, manchas e incluso grapas. Dime qué pensaba a las tres de la mañana mientras hacía castillos de cartas muerta de sueño. Dime de qué era el chupito que bebimos a escondidas mientras tú no nos mirabas. Dime que sentí aquel día al verte tan agresivo. Dime cuántas noches me quedé dormida esperando ese beso. No, los dos sabemos que no puedes decirlo. Porque no estuviste o no lo has querido. Porque después de todo, esto resultó ser otro yerro en nuestro camino.

sábado, 7 de enero de 2012

Él



Y él tenía una fuerza arrolladora, ya sabes, venía y te cogía por la cintura, susurrándote mensajes indebidos para un horario infantil, haciéndote ir a mil, empujándote, apretándote contra la pared, y… Y desapareció. No era de quedarse quieto en el mismo sitio, no era de los que esperaban que les dieses algo, ni tampoco esperaba disgustarte. Llegaba con paso seguro, confiado, tenía clarísimo que te gustaba, y eso le gustaba a él más. Sabía dónde, cuándo y cómo. Era un por, para y quién. Un gemido a destiempo, un suspiro al cuello pegado. Era como Antena 3, ¡que pone!

No sabes



¿Y qué quieres que haga ahora, a ver? ¿Que venga y te de un abrazo como si nada? ¿Qué te cuente lo bien que me ha ido la vida sin ti? ¿Que aunque haya dolido, el cielo sigue entero allí arriba, el infierno sigue siendo fuego y la Tierra sigue rotando? ¿O que te escriba una carta explicándote todo lo que me ha pasado desde que te fuiste, paso a paso? Porque no encuentro las palabras, porque solo pienso en qué hubiéramos sido si no te hubieses ido, en qué has hecho durante todo este tiempo, en si me sigues queriendo lo mismo. Porque yo lo sigo haciendo, y aunque mil veces haya deseado que llegase este momento, y pensé que si venias sería un rotundo sí, ahora dudo de si realmente no será un no. Porque, ¡joder tío! Vuelves y lo descolocas todo, como si tuvieras derecho, como si yo te lo hubiera otorgado, como si no quemase en el alma. Y no te das cuenta de lo que es estar aquí, bajo esta lluvia helada de miradas esquivas, de sonrisas imaginarias y lágrimas apunto de estallar en llantos. No sabes lo que es estar en mi piel y desear con cada una de las partes de mi ser, rozar la tuya.

En una palabra



¿Una palabra para definir esta época? ¡Superficialidad! Sí, reina por todas partes, todos hemos sido superficiales alguna vez. Todos hemos ignorado algo porque se sale de nuestro carril prefabricado o no nos aporta algo.

A veces tenemos un día azul, azul celeste, soleado, divertido; en definitiva, bueno. Un día bueno, estupendo. Y nos sentimos atractivos, satisfechos, plenos. Poderosos, ¿no? Pero por más grandes que nos sintamos, las nubes siempre vuelven y el Sol no está en el mismo sitio día a día, o al menos no siempre lo vemos. Entonces llegan la lluvia y los días grises, ¡y nos quedamos con el culo al aire! ¿No crees? Ya no hay risas ni bocados mal dados al mundo; ya no hay belleza y solo quedan kilos, kilos de más o de menos, kilos de maquillaje y de mejillas desgastadas de tanta lágrima que compite cayendo desde el suave surco de tu mirada. Kilos de infelicidad. Cansada de ese tira y afloja. De esa "lucha" continua. Tu esfuerzo contra el espejo. Y tú que te vas dando cuenta de la lentitud pasmosa con la que pasan las cosas, esa que es infinitamente proporcional al trabajo que empleas en conseguirlas. Y siempre es igual.

Pero lo bueno es pensar en todo aquello que tienes, todo lo que merece la pena y que, por suerte, posees. Como esas amigas, sí, como las mías, como mis fantásticas. Y que por más que duela, el Sol no se esconde siempre y existe la lluvia de verano; ¡y la tuya se parece más a una de Julio que a una de pleno y helado Diciembre! Lo que se resume en que si te fijas bien, no todo es malo, que la arruga puede llegar a ser bella y ese hueso o michelín más femenino de lo que te imaginas. Que no podemos vivir de esos momentos jodidos pues es mucho mejor lo que a día de hoy tienes. Poco o mucho, pero tienes.

Que si cada cosa que haces la vives con amor; no hay belleza diseñada, "desperfecto" imperfecto, ni parte mala. Que la vida hay que tomársela con humor; que entre risas no hay insulto mal sonante, golpes bajos que darse, ni motivos pa´joderse.

Pero desgraciadamente la vida real no es como una novela de Moccia; que aquí esas cosas son palabras sacadas de un cuento chino. La vida no es como en las películas románticas que acostumbra a vendernos Hollywood. Ni hay tantas risas o puestas de sol bonitas. Aquí en el Planeta Tierra, a no se cuantos años luz de todos estos "sueños", hay pocas personas auténticas y sinceramente, nos falta el amor y nos sobran los atardeceres en cualquier playa, ciudad o tan si quiera ventana. Que lo más importante ya no es lo que escondas en la mirada, sino el cuerpo que acompañe ese par de bragas. Que es triste que cosas como un trozo de papel o una fusión entre níquel y latón, una báscula y un color marquen el punto de salida, sean la muesca para encajar, pongan los patrones a superar o formen parte de los requisitos indispensables a sustentar. Que da pena que después de tanto desarrollo y falso fingimiento de libertad, seamos esclavos de cosas efímeras y caducas. Que para qué engañarnos, aunque no tenga piernas, boca o látigo en mano, seguimos fomentando la misma mierda, solo que siguiendo las órdenes de otro amo.