domingo, 8 de diciembre de 2013

Te quiero

Siento no poder- ni haberlo hecho antes, cuando podía- decírtelo a la cara, y mirando esos cristalinos ojos marrones que miraban con más vida de la que haya podido reconocer jamás en ninguna otra mirada.

TE QUIERO, PAPÁ

Y sé que no lo dije lo suficiente: sencillamente no lo dije, no te lo dije. Pero lo hago y siempre lo he hecho. Incluso cuando gritaba odiarte, cuando decía que, para mí, la historia se había acabado, que estabas muerto. Qué ironía (o sadismo el del destino, dependiendo de cómo lo mires), que ahora que no te tengo- si puede considerarse que alguna vez te tuve más de lo que pudiste tenerme tú-, solo tenga ganas de gritártelo hasta que te quedaras sordo con mi declaración. Pero sin embargo, lo sigo diciendo en susurros y flojito, acaso para que no se despierten los monstruos que se alimentan de tu recuerdo y que amenazan tras mis ojos con derramarse.

Por ahí leí una vez que cuando los ángeles caen, caen angustiados, y doloridos, y enojados. Y esto es así, porque ya han visto la bizarra belleza de lo Divino, y ahora, simplemente, no podrán volver a hacerlo. Tal vez eso explique lo que sentimos los mundanos al perder a alguien. Estas ansias locas de expresarte todo lo que tuve el tiempo y el espacio, pero no el coraje de decirte.

Hasta tú eras consciente de mi amor por las letras, y mi fascinación por la lectura, y mi perderme mañanas y tardes enteras entre los párrafos de esos viejos libros de escuela que un día encontramos, en una de nuestras tantas infantiles escapadas a lugares abandonados. Así que no es de extrañar que te hayas vuelto poesía, que cada verso de Benedetti a la melancolía me arrastre hasta tu recuerdo, que te “cartee” con afligidas palabras llenas de pesar y arrepentimiento, pero sobre todo añoranza por los buenos momentos. Y tal es así, que es hasta devastadoramente bonita la forma que tienes de dolerme. De inundarme por las tardes cuando me doy cuenta de que soy incapaz de escribir tu nombre. Que cuando lo intento, siento una mano de acero presionando mi pecho y una vocecilla interior que me grita <Ahora es tarde, ¿Sabes?> Y yo ya sé que es tarde. Pero, ¿tarde para qué? Tal vez para mirarte y admirarte. Porque de lo segundo, he empezado a hacerlo a deshora. O tal vez demasiado pronto teniendo en cuenta cuándo te has marchado.

Y es que a veces intento convencerme de que no te has ido, de que estás a mi lado. Que aunque no te vea, puedo sentirte dándome un empujoncito a mi costado. Pero me siento tan perdida, papá. Porque no lo siento; cuando quiero, no lo siento. Y eso sí es disparatadamente doloroso, ¿sabes? Encontrarme buscándote por los alrededores. Reconozco que hubo un corto período de tiempo en el que creía verte; verte en cada amanecer, en cada callejón cuando salía a ahogarme entre sollozos sin que nadie pudiera escucharme, en cada uva de año nuevo a modo de deseo. Pero aquello parece tan lejano. Y ahora solo anhelo volver a delirar cualquier tarde de Diciembre que paso a 1500 km lejos. 

lunes, 16 de septiembre de 2013

Mentiría si dijera que nunca te he odiado. Pero nunca te dije te quiero el tiempo suficiente.

Siempre fuiste mi héroe y cada día estoy más segura de que lo seguirás siendo. El único hombre por el que perdí el sueño.-Y quiero seguir perdiéndolo-. Me has enseñado más de lo que jamás hubieras imaginado y de todos mis errores, solo me arrepiento a día de hoy de no haberte aprovechado. 

Tuve el cielo entre las manos y no supe verlo. Ahora se ha esfumado, arrastrándote consigo. Llevándose parte de mí contigo. Haciéndome sangrar dolor por dentro mientras sonrío pensando en tu sonrisa. Mientras me hundo sintiendo que he fallado, y mi mayor aspiración en la vida es que te sientas orgulloso de mí.

Daría cada uno de mis días sobre este absurdo y punzante caos llamado mundo, por pasar un minuto al lado tuyo. Entre tus brazos como hace años. Pero me conformo con llorarte, llorarte desde lo más hondo de mis adentros. Siendo de los pocos momentos en los que me siento lacerantemente viva. Ahogándome en este aplastante transcurrir del tiempo que no hace nada más que restar segundos para nuestro encuentro.

Siempre fui lo suficientemente cobarde como para seguir aquí abajo, con todo adelante y sin mirar atrás; porque bien sé que mirar atrás duele hasta un límite inimaginable; duele de manera asfixiante, pudriendo la fuerza que fingimos sentir aún después de todo.

Y nunca olvidaré ese amanecer; odio los amaneceres desde entonces. En Barcelona, con el Sol quemándome por dentro, quemando la poca inocencia que le quedaba a mis recuerdos. Maldito Sol por mantenerte tan lejos. Maldito tiempo por haber pasado tan rápido a tu lado y ahora lapidantemente lento. Maldito desorden que son mis sentimientos desde que no te veo.

Ojalá pudiera escaparme un momentito y repetir ese abrazo. Pero con la condición de no soltarte. No soltarte hasta que tú me hayas soltado. Ojalá me hubiera quedado. Ojalá te hubiera abrazado hasta que tus ojos se despidiesen, hasta que tu sonrisa desgarradoramente viva se quedara pegada a mi retina. Y no pudiera ver más allá de ti. Solo a ti. Como no he sabido verte todos estos años, y como ahora moriría por haberlo hecho.

Pero sigue pasando injustamente el tiempo. Regalándome una consecución de devastadores amaneceres que llegan sin noches a tu lado contando estrellas como antaño. "Nunca tenemos lo que queremos". Pero yo te tuve sin darme cuenta de que eráis todo lo que siempre he deseado.  

Por un momento todos los recuerdos se estrellan contra las paredes de este búnker hecho de escudos al que llamo "casa". Y el oxígeno se tambalea aquí dentro. Y respiro en un acto mecánico, cuando mi cabeza está ahogada a millones de minutos lejos de aquí. En la piscina en la que me sumergía con la flotante confianza de que tú estarías al salir para "salvarme". Tan solo salvarme de mí. Porque tú siempre me has cuidado. Y ahora soy yo quien te cuida. Quien custodia nuestros secretos como oro en paño. Quien tiene estampados tus ojos en la cara. Quien ha enmarcado todos esos momentos a tu lado. Quien hipotecaría su vida por devolverte la tuya sin costes ni gastos. 

"En otro momento, la realidad no se dejará engañar, y entonces sabrás que nadie te sintió como yo. Pero ya estaré muerto aunque muy a lo lejos resuene el eco de todos los momentos en que escondido en tus brazos me sentí eterno, como si nunca fuera a morir lejos de ti". Chirría la canción que me ha arrastrado hasta tu recuerdo. Y me siento ofensivamente identificada, patéticamente inerte sin tus bromas malas. Y yo que pensaba que sería fácil olvidarte cuando la rabia apretaba, cuando sentí que me fallabas, cuando como una idiota ilusa pretendí cortarte las alas. Sin dejarte elegirme a mí

Pero no diré que lo siento. Porque lo único que lamento es haber vendido las entrañas de nuestros recuerdos por un poco de satisfactorio orgullo perdedor. Ahora recojo los pedazos de ese cetro enredado que son mis pensamientos bailando para ti y me arropo con ellos, con la crédula esperanza de que es a ti a quién veré cuando abra los ojos a mi lado. 

Siempre tuya, como no lo fui nunca;
Y porque te quiero, papá. 

jueves, 27 de junio de 2013

Vivo

Creo que estoy creciendo. Últimamente estoy aprendiendo a escuchar, y ya no pienso en los demás por inseguridad, sino porque me valoro demasiado a mí misma. Por puro instinto de supervivencia. Porque al fin he entendido que para ser yo, tengo que ser ellos;  toda la gente que me importa. Y últimamente he visto mis errores y no hay nada que desee más que rectificarlos, estar limpia y disfrutar de las buenas cosas de la vida. Y es que el perdón más difícil de conseguir es el de nosotros mismos. Y el más valioso. Y por eso voy a ser la Noemi más sincera que he conocido.

Nunca he tenido tantas ganas de empezar de cero. Y ahora sí que sí, empiezo. Cada día pienso que estoy peor; cada vez más loca, más sorda, más otra. Pero creo que al fin he encontrado el punto. Nunca había tenido las cosas más claras que ahora. Y soy feliz sin motivo aparente, pero con un montón de detonantes. Definitivamente, sí,  he encontrado el punto. Y lucho por ello. Ya no pierdo el tiempo juzgando ni echando nada abajo, tan solo lo invierto construyendo. Construyendo el escenario perfecto para ser todo lo que un día quiero.

Ya no me avergüenzo de ser honesta y decir lo que pienso, lo digo y me confieso sin reparo. Al fin y al cabo, si alguien te importa y le quieres tanto, eso es algo que merece ser dicho y esa persona necesita más esas palabras de lo que necesitas tú conservarlas dentro. Y por eso ahora digo, si quieres a alguien simplemente dilo. A nadie nos desagrada oír un te quiero y menos aún si suena sincero.

También me he dado cuenta de que a mí las cosas que me hacen sentir viva, son las más tontas y pequeñas. Como un día en el puerto con una vieja amiga, o las payasadas con una que no lo es tanto. Las noches de barbacoa en casa viendo las mismas caras, y los domingos familiares. Creo que no podría tener más de lo que tengo. Tengo lo mejor del mundo y me faltan manos para abrazarlo. Amor en estado puro; familia y amigos, un placer solo de este mundo.

Estoy aprendiendo a vivir de verdad, y eso realmente, sí que merece mi orgullo.

A mi amiga



Como ya le he dicho, es de las pocas personas que me deja sin palabras. Y yo palabras tengo de sobra. Y la verdad, es que ahora pensándolo, me gustaría rectificarlo. Solo tengo una única palabra: Gracias. Y lo digo por aquí, porque a mí eso del cara a cara para las buenas, nunca se me ha dado bien. Siempre he sido más de sangrar con las palabras que dejo aquí puestas; porque a la hora de la verdad, cuando veo a los ojos de la gente que realmente quiero, mi gente (como ella), me quedo sin palabras. O con un sin fin de estas atascadas en la garganta. Y con un montón de lágrimas que no llegan a mis pupilas.

Y al pensar en estos meses sin verla... Es de las pocas veces que me siento tan perdida y sola.  Y eso si es grandioso. Grandioso porque simplemente sabiendo que tardaré en volver a verla, consiga que la eche de menos cuando sigue cerca.

Sinceramente creo que es la primera persona en mi vida que siento que verdaderamente me complementa, mi otra mitad imperfecta. Un espejo en el que mirarme y reprocharle mis defectos. Abrirme por completo, teniendo la certeza de que aunque le cuente el mayor error que haya cometido en mi vida, me seguirá aceptando sin echarme o reprocharme; igual que haría yo con ella. Tener la certeza de que volvería a hacer lo mismo que he hecho y no arrepentirme de haber tomado la decisión de venir hasta aquí, solo porque la he conocido.

Porque con ella siempre ha sido tan fácil ser yo en mi pura esencia. Siempre ha sabido, sin darse cuenta tan siquiera, sacar la mejor parte de mí y ayudarme a ser mejor persona. Más honesta, responsable, coherente, cariñosa y solidaria. Y tan solo porque en ella veo el ejemplo.

 Y esta vez si se por donde empezar, pero no se como terminar. Empezar por decirle que la quiero, que es mejor de lo que ella se imagina, y que he aprendido yo más de ella que lo que ella cree haber aprendido de mí. Que muy al contrario de lo que pueda pensar, es la primera persona en mi vida que me hace mojarme de verdad y darle a elegir aun arriesgándome a perder su amistad solo para que este bien. Y honestamente, deseo a todo el mundo que tenga la suerte de encontrar en su vida a alguien que suponga lo que supone ella en la mía.

Mi punto de inflexión y fuerza en los momentos de flaqueza, la locura que tantas ocasiones le ha faltado a mis días y la sinceridad que muchas veces he necesitado que me escupan a la cara sin que tiemble la voz. Mi banco cuando estoy con pereza y mi muleta cuando quiero moverme y apenas tengo fuerza. Mi sobrecarga preferida cuando la tontería se le sube a la cabeza y pienso que le falta más de un tornillo. Mi tirita para las heridas, y el alcohol en el que ahogar mis penas de amor. Mi cómplice en una constante, la persona por la que arriesgaría más de lo que nunca hubiera imaginado. Con quien se me llena la boca al decir que es mi amiga, porque la palabra amiga encaja a la perfección con ella.

Ella sí sabe serlo aún sin tener ni idea de todo lo que puede llegar a significar. Todo lo que significa y es ella. Todo lo que, si supiera valorarse más, en ella misma descubriría. La fuerza que cree que yo le doy, cuando tan solo doy pellizcos a todo el coraje que tiene dentro. La valentía que la impulsa a hacer lo que hace cuando cree que tan solo está siendo borde y poco comprensiva. El cariño que se ve en sus ojos cuando le cuentas tus cosas y ella se queda mirándote pensativa. La belleza que posee solo ella, aquella que los años no marchita. Porque aun siendo tremendamente bonita por fuera, he tenido la suerte de descubrir que su interior no tiene nada que envidiarle a la fachada que siempre lleva puesta. Esa misma gracia que me hace pensar cada vez que la veo reír por cualquiera chorrada de esa manera tan apasionada y viva que tiene, "Ojalá algún día me parezca un poquito más a ella". Pero sobretodo, por ese encantador caracter algo perro que tiene que me hace no querer nunca perderla de vista. Porque es mi reflejo más cercano, y porque peca de lo mismo que yo he pecado o pecaría.

Pero aunque todas estas palabras se quedan cortas para decirle todo lo que significa en mi vida y aunque me encantaría poder decírselas directamente a ella, seguiré cerrando esta ventana cada vez que pase por mi lado para que no pueda verla. Porque bien sabe ella, que lo nuestro es eso de proyectar la imagen de duras que oculta todo este romanticismo y sensiblería que nos quema por dentro, para mostrarlo solo a personas que sepan otorgarle a nuestros fallos belleza.

Y es que quizá sea mi defecto virtuoso, seguir sin palabras cuando vuelva a verla.

viernes, 17 de mayo de 2013

Te seguía queriendo tanto



Me acuerdo de como pasaba horas enteras contigo, tirados en el sofá y riendo por cada tontería que ocurría. Me acuerdo de como venías a las cinco con la comida preparada y fría. Me acuerdo de los días enteros viéndote barnizar aquella estrella del techo. Me acuerdo del último fin de año, que no salímos de casa y- aunque tú no te diste cuenta- te vi llorar.  Me acuerdo de como eran tus besos en el pelo. Me acuerdo de tu risa tan ruda y contagiosa. Me acuerdo de tus ojos vidriosos que son mi más pura herencia. Me acuerdo de tus "Ay, Señor" que tanto repito a lo largo del día.
Me acuerdo también de cuando te dejamos solo, atrás. De como te eché de mi vida. De como te dejé de pensar. Me acuerdo tanto de eso. Y aunque estoy casi segura de que tú pensaste que se había acabado todo,-te juro- te quería tanto. Tanto que aún sigue doliendo el haberlo hecho. Tanto que cuando volviste no podía creerlo. Tanto que no llegué a aprovecharlo cuando pude tenerlo.
Daría todo lo que tengo, por repetir todos los años ese -por entonces- aburrido fin de año. Por volver a quejarme de tus bromas hirientes. Por de nuevo poner a prueba tu mala leche. Por acostarme a las tantas al pasar la madrugada contigo mirando estrellas. Por los paseos a la montaña con Lara. Por los juegos en la cancha. Por las tardes en el bar, y por lo bien que trabajabas. Por volver a darte ese último beso en la frente. Y por no soltarme nunca de ese abrazo.

viernes, 26 de abril de 2013

Cosas que salen sin pensarlas



Verás papá, hoy ha sido un día extraño y como cada viernes en el que me sobra tiempo, me paro y examino mi semana. Estando tan lejos, todo se ve tan distinto y raro… Pero te juro, te aseguro, que me encantaría poder contarte cara a cara lo orgullosa que estoy y lo mucho que me fascina hacer lo que hago. Me he dado cuenta de que no hay mejor sensación que hacer lo que te apasiona, lo que te vuelve loca sin pensarlo demasiado, porque solo así las cosas salen solas. Poco a poco los meses van pasando, y sé que pronto serán años pero ya no pienso que son días que nos separan porque tú nunca te has ido de mi lado, y eso es algo que ambos sabemos. No me hacen falta las palabras para sentir tu apoyo, porque sé que mientras sea feliz, lo tengo. Me hacéis tan feliz… Jani, mamá y tú sois mi mayor tesoro y juro que muy dentro de mí os conservo.  Y quiero haceros partícipes de mi paz interna porque sin vosotros no sería posible.

Pues solo era eso, solo era para que supieras que os quiero, para agradecerte, agradeceros, todo lo que habéis hecho por mí, por hacerme ser lo que hoy soy y por sobre todo estar presentes en cada momento. Gracias de nuevo y que sepas que aquí, muy dentro, te llevo. 

sábado, 20 de abril de 2013

Siempre

Cierto es que las cosas cambian, pero hay sentimientos que siempre siguen siendo los mismos. Hay rupturas que siguen ocasionando la misma rabia, pérdidas acompañadas de la misma impotencia, pechos con la misma opresión por el dolor, mentiras que siguen sonando a verdad, te quieros que no son correspondidos, y abrazos que liquidan todos tus males. Hay personas que cuando te miran, aunque pasen mil años, te siguen provocando lo mismo. Hay cambios que son para siempre, y enfados tontos que nunca encuentran fin. Y también recuerdos que vayas donde vayas, van contigo.

Los recuerdos verdaderamente son lo único que puede hacer un daño inmenso

Aún me acuerdo de esos momentos. Cuando de ti me quejaba sin caer en cuenta de que soy igual que tú. Recuerdo mi tozudez y cabezonería. Como me gustaría que me vieses, papá. Que vieras que he cambiado. Poco a poco aprendo a callar un poco más, y a contar hasta diez, ¡qué bien de falta que me hacía! 

No hablo de milagros, no creas que he cambiado por completo, pero lo intento. Intento superarme y superarnos, porque quiero que aun estando lejos, si algún día te vuelvo a ver, poder contarte todo y ver en tu cara el orgullo, el mismo que espero ver en los ojos de mamá cuando vuelvo a casa. Tenían razón, las cosas no son tan fáciles como parecen y a medida que crecemos parece que se van complicando, o tal vez las complicamos nosotros. 

Lo cierto es que critiqué y me quejé demasiado de ciertas actitudes, ahora las entiendo. Otras no las comparto, pero las entiendo y supongo que con eso basta, claro. Hay veces en las que siento que verdaderamente me ahogo, que esto va camino a un precipicio, que de esta no saldremos, pero luego me levantó y lucho porque sigo siendo tan tenaz e incansable cuando me propongo algo. 

Algo que nunca podré olvidar es todo lo que me habéis enseñado. Con vuestros peros y fallos, yo no os cambio. A ninguno. Ni tampoco la vida que me habéis dado. Si no hubiera vivido lo que vivimos… ¡No sería la mitad de lo que soy! Siempre he pensado que tú me has enseñado el lado real y crudo de la vida, y ella le puso color y sentimientos. 

Ya no me pico tanto, ni tampoco juzgo de antemano. He aprendido a pensar antes de hablar. Y he reflexionado, la verdad es que eso es lo que más he hecho, ¡Y he sacado muchísimas conclusiones! Más de las que buscaba. He decidido ser sincera conmigo misma y respetarme, si eso es lo que de los demás espero. También he aprendido a proyectarlo a otros. Hace poco me dijeron que si algo no me gusta o no lo quiero en mi vida, pues ni modo, ¡para qué tenerlo! Así que lo que no quiero, no lo echo, pero tampoco lo conservo porque he aprendido que es la única manera de asegurarme de que todo lo que me gusta es lo que tengo. He madurado, demasiado poco en comparación con lo que me queda aún por madurar, y dejé de lado el dolor. Ahora soy la mejor Noemi que he conocido en todo este tiempo, no necesita de él y espero poder decir lo mismo cuando te vuelva a ver en algún momento.

C´est la vie

Es curioso como nos buscamos unos a otros como si pretendiéramos encontrar en nosotros lo que nos falta de él, como si supliera parte de su ausencia, como si sólo así pudiéramos tenerle de nuevo.

Pero no somos él ni lo vamos a ser. La vida a veces es jodida y cruel. Demasiado tal vez. Pero es así. La vida pasa, y eso sí es una ley. Ahora las cosas se han estabilizado, digamos que comienzo a vivir en paz, tranquila. Acostumbrada y asumiendo. Asumiendo que no es necesario que le vea para saber que está conmigo, SIEMPRE. Acostumbrada a sonreír lo suficiente, al menos unas 20 veces al día, para así poder irme ir a la cama con la sensación de que ha merecido la pena. 

Sinceramente si fuera otra, me envidiaría. Por mi vida -que solo yo sé la de pruebas que me ha puesto-, por ser capaz de vivirla y disfrutarla cada día, de exprimirla al máximo. De poder decir que soy la persona más terriblemente rica que conozco pues todo lo que quiero, lo tengo, cerca o lejos.

La verdad no cambio esto, ni todos esos complejos. No cambio nada de lo que he vivido. Porque miro al futuro sin miedo. Con tan solo 18 años puedo decir que vivo, en toda la extensión de la palabra. Y eso es algo que no se dice sin haberlo meditado mucho antes, pero cuando lo dices, es sincero.