viernes, 26 de abril de 2013

Cosas que salen sin pensarlas



Verás papá, hoy ha sido un día extraño y como cada viernes en el que me sobra tiempo, me paro y examino mi semana. Estando tan lejos, todo se ve tan distinto y raro… Pero te juro, te aseguro, que me encantaría poder contarte cara a cara lo orgullosa que estoy y lo mucho que me fascina hacer lo que hago. Me he dado cuenta de que no hay mejor sensación que hacer lo que te apasiona, lo que te vuelve loca sin pensarlo demasiado, porque solo así las cosas salen solas. Poco a poco los meses van pasando, y sé que pronto serán años pero ya no pienso que son días que nos separan porque tú nunca te has ido de mi lado, y eso es algo que ambos sabemos. No me hacen falta las palabras para sentir tu apoyo, porque sé que mientras sea feliz, lo tengo. Me hacéis tan feliz… Jani, mamá y tú sois mi mayor tesoro y juro que muy dentro de mí os conservo.  Y quiero haceros partícipes de mi paz interna porque sin vosotros no sería posible.

Pues solo era eso, solo era para que supieras que os quiero, para agradecerte, agradeceros, todo lo que habéis hecho por mí, por hacerme ser lo que hoy soy y por sobre todo estar presentes en cada momento. Gracias de nuevo y que sepas que aquí, muy dentro, te llevo. 

sábado, 20 de abril de 2013

Siempre

Cierto es que las cosas cambian, pero hay sentimientos que siempre siguen siendo los mismos. Hay rupturas que siguen ocasionando la misma rabia, pérdidas acompañadas de la misma impotencia, pechos con la misma opresión por el dolor, mentiras que siguen sonando a verdad, te quieros que no son correspondidos, y abrazos que liquidan todos tus males. Hay personas que cuando te miran, aunque pasen mil años, te siguen provocando lo mismo. Hay cambios que son para siempre, y enfados tontos que nunca encuentran fin. Y también recuerdos que vayas donde vayas, van contigo.

Los recuerdos verdaderamente son lo único que puede hacer un daño inmenso

Aún me acuerdo de esos momentos. Cuando de ti me quejaba sin caer en cuenta de que soy igual que tú. Recuerdo mi tozudez y cabezonería. Como me gustaría que me vieses, papá. Que vieras que he cambiado. Poco a poco aprendo a callar un poco más, y a contar hasta diez, ¡qué bien de falta que me hacía! 

No hablo de milagros, no creas que he cambiado por completo, pero lo intento. Intento superarme y superarnos, porque quiero que aun estando lejos, si algún día te vuelvo a ver, poder contarte todo y ver en tu cara el orgullo, el mismo que espero ver en los ojos de mamá cuando vuelvo a casa. Tenían razón, las cosas no son tan fáciles como parecen y a medida que crecemos parece que se van complicando, o tal vez las complicamos nosotros. 

Lo cierto es que critiqué y me quejé demasiado de ciertas actitudes, ahora las entiendo. Otras no las comparto, pero las entiendo y supongo que con eso basta, claro. Hay veces en las que siento que verdaderamente me ahogo, que esto va camino a un precipicio, que de esta no saldremos, pero luego me levantó y lucho porque sigo siendo tan tenaz e incansable cuando me propongo algo. 

Algo que nunca podré olvidar es todo lo que me habéis enseñado. Con vuestros peros y fallos, yo no os cambio. A ninguno. Ni tampoco la vida que me habéis dado. Si no hubiera vivido lo que vivimos… ¡No sería la mitad de lo que soy! Siempre he pensado que tú me has enseñado el lado real y crudo de la vida, y ella le puso color y sentimientos. 

Ya no me pico tanto, ni tampoco juzgo de antemano. He aprendido a pensar antes de hablar. Y he reflexionado, la verdad es que eso es lo que más he hecho, ¡Y he sacado muchísimas conclusiones! Más de las que buscaba. He decidido ser sincera conmigo misma y respetarme, si eso es lo que de los demás espero. También he aprendido a proyectarlo a otros. Hace poco me dijeron que si algo no me gusta o no lo quiero en mi vida, pues ni modo, ¡para qué tenerlo! Así que lo que no quiero, no lo echo, pero tampoco lo conservo porque he aprendido que es la única manera de asegurarme de que todo lo que me gusta es lo que tengo. He madurado, demasiado poco en comparación con lo que me queda aún por madurar, y dejé de lado el dolor. Ahora soy la mejor Noemi que he conocido en todo este tiempo, no necesita de él y espero poder decir lo mismo cuando te vuelva a ver en algún momento.

C´est la vie

Es curioso como nos buscamos unos a otros como si pretendiéramos encontrar en nosotros lo que nos falta de él, como si supliera parte de su ausencia, como si sólo así pudiéramos tenerle de nuevo.

Pero no somos él ni lo vamos a ser. La vida a veces es jodida y cruel. Demasiado tal vez. Pero es así. La vida pasa, y eso sí es una ley. Ahora las cosas se han estabilizado, digamos que comienzo a vivir en paz, tranquila. Acostumbrada y asumiendo. Asumiendo que no es necesario que le vea para saber que está conmigo, SIEMPRE. Acostumbrada a sonreír lo suficiente, al menos unas 20 veces al día, para así poder irme ir a la cama con la sensación de que ha merecido la pena. 

Sinceramente si fuera otra, me envidiaría. Por mi vida -que solo yo sé la de pruebas que me ha puesto-, por ser capaz de vivirla y disfrutarla cada día, de exprimirla al máximo. De poder decir que soy la persona más terriblemente rica que conozco pues todo lo que quiero, lo tengo, cerca o lejos.

La verdad no cambio esto, ni todos esos complejos. No cambio nada de lo que he vivido. Porque miro al futuro sin miedo. Con tan solo 18 años puedo decir que vivo, en toda la extensión de la palabra. Y eso es algo que no se dice sin haberlo meditado mucho antes, pero cuando lo dices, es sincero.