sábado, 20 de abril de 2013

Los recuerdos verdaderamente son lo único que puede hacer un daño inmenso

Aún me acuerdo de esos momentos. Cuando de ti me quejaba sin caer en cuenta de que soy igual que tú. Recuerdo mi tozudez y cabezonería. Como me gustaría que me vieses, papá. Que vieras que he cambiado. Poco a poco aprendo a callar un poco más, y a contar hasta diez, ¡qué bien de falta que me hacía! 

No hablo de milagros, no creas que he cambiado por completo, pero lo intento. Intento superarme y superarnos, porque quiero que aun estando lejos, si algún día te vuelvo a ver, poder contarte todo y ver en tu cara el orgullo, el mismo que espero ver en los ojos de mamá cuando vuelvo a casa. Tenían razón, las cosas no son tan fáciles como parecen y a medida que crecemos parece que se van complicando, o tal vez las complicamos nosotros. 

Lo cierto es que critiqué y me quejé demasiado de ciertas actitudes, ahora las entiendo. Otras no las comparto, pero las entiendo y supongo que con eso basta, claro. Hay veces en las que siento que verdaderamente me ahogo, que esto va camino a un precipicio, que de esta no saldremos, pero luego me levantó y lucho porque sigo siendo tan tenaz e incansable cuando me propongo algo. 

Algo que nunca podré olvidar es todo lo que me habéis enseñado. Con vuestros peros y fallos, yo no os cambio. A ninguno. Ni tampoco la vida que me habéis dado. Si no hubiera vivido lo que vivimos… ¡No sería la mitad de lo que soy! Siempre he pensado que tú me has enseñado el lado real y crudo de la vida, y ella le puso color y sentimientos. 

Ya no me pico tanto, ni tampoco juzgo de antemano. He aprendido a pensar antes de hablar. Y he reflexionado, la verdad es que eso es lo que más he hecho, ¡Y he sacado muchísimas conclusiones! Más de las que buscaba. He decidido ser sincera conmigo misma y respetarme, si eso es lo que de los demás espero. También he aprendido a proyectarlo a otros. Hace poco me dijeron que si algo no me gusta o no lo quiero en mi vida, pues ni modo, ¡para qué tenerlo! Así que lo que no quiero, no lo echo, pero tampoco lo conservo porque he aprendido que es la única manera de asegurarme de que todo lo que me gusta es lo que tengo. He madurado, demasiado poco en comparación con lo que me queda aún por madurar, y dejé de lado el dolor. Ahora soy la mejor Noemi que he conocido en todo este tiempo, no necesita de él y espero poder decir lo mismo cuando te vuelva a ver en algún momento.

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