jueves, 27 de junio de 2013

A mi amiga



Como ya le he dicho, es de las pocas personas que me deja sin palabras. Y yo palabras tengo de sobra. Y la verdad, es que ahora pensándolo, me gustaría rectificarlo. Solo tengo una única palabra: Gracias. Y lo digo por aquí, porque a mí eso del cara a cara para las buenas, nunca se me ha dado bien. Siempre he sido más de sangrar con las palabras que dejo aquí puestas; porque a la hora de la verdad, cuando veo a los ojos de la gente que realmente quiero, mi gente (como ella), me quedo sin palabras. O con un sin fin de estas atascadas en la garganta. Y con un montón de lágrimas que no llegan a mis pupilas.

Y al pensar en estos meses sin verla... Es de las pocas veces que me siento tan perdida y sola.  Y eso si es grandioso. Grandioso porque simplemente sabiendo que tardaré en volver a verla, consiga que la eche de menos cuando sigue cerca.

Sinceramente creo que es la primera persona en mi vida que siento que verdaderamente me complementa, mi otra mitad imperfecta. Un espejo en el que mirarme y reprocharle mis defectos. Abrirme por completo, teniendo la certeza de que aunque le cuente el mayor error que haya cometido en mi vida, me seguirá aceptando sin echarme o reprocharme; igual que haría yo con ella. Tener la certeza de que volvería a hacer lo mismo que he hecho y no arrepentirme de haber tomado la decisión de venir hasta aquí, solo porque la he conocido.

Porque con ella siempre ha sido tan fácil ser yo en mi pura esencia. Siempre ha sabido, sin darse cuenta tan siquiera, sacar la mejor parte de mí y ayudarme a ser mejor persona. Más honesta, responsable, coherente, cariñosa y solidaria. Y tan solo porque en ella veo el ejemplo.

 Y esta vez si se por donde empezar, pero no se como terminar. Empezar por decirle que la quiero, que es mejor de lo que ella se imagina, y que he aprendido yo más de ella que lo que ella cree haber aprendido de mí. Que muy al contrario de lo que pueda pensar, es la primera persona en mi vida que me hace mojarme de verdad y darle a elegir aun arriesgándome a perder su amistad solo para que este bien. Y honestamente, deseo a todo el mundo que tenga la suerte de encontrar en su vida a alguien que suponga lo que supone ella en la mía.

Mi punto de inflexión y fuerza en los momentos de flaqueza, la locura que tantas ocasiones le ha faltado a mis días y la sinceridad que muchas veces he necesitado que me escupan a la cara sin que tiemble la voz. Mi banco cuando estoy con pereza y mi muleta cuando quiero moverme y apenas tengo fuerza. Mi sobrecarga preferida cuando la tontería se le sube a la cabeza y pienso que le falta más de un tornillo. Mi tirita para las heridas, y el alcohol en el que ahogar mis penas de amor. Mi cómplice en una constante, la persona por la que arriesgaría más de lo que nunca hubiera imaginado. Con quien se me llena la boca al decir que es mi amiga, porque la palabra amiga encaja a la perfección con ella.

Ella sí sabe serlo aún sin tener ni idea de todo lo que puede llegar a significar. Todo lo que significa y es ella. Todo lo que, si supiera valorarse más, en ella misma descubriría. La fuerza que cree que yo le doy, cuando tan solo doy pellizcos a todo el coraje que tiene dentro. La valentía que la impulsa a hacer lo que hace cuando cree que tan solo está siendo borde y poco comprensiva. El cariño que se ve en sus ojos cuando le cuentas tus cosas y ella se queda mirándote pensativa. La belleza que posee solo ella, aquella que los años no marchita. Porque aun siendo tremendamente bonita por fuera, he tenido la suerte de descubrir que su interior no tiene nada que envidiarle a la fachada que siempre lleva puesta. Esa misma gracia que me hace pensar cada vez que la veo reír por cualquiera chorrada de esa manera tan apasionada y viva que tiene, "Ojalá algún día me parezca un poquito más a ella". Pero sobretodo, por ese encantador caracter algo perro que tiene que me hace no querer nunca perderla de vista. Porque es mi reflejo más cercano, y porque peca de lo mismo que yo he pecado o pecaría.

Pero aunque todas estas palabras se quedan cortas para decirle todo lo que significa en mi vida y aunque me encantaría poder decírselas directamente a ella, seguiré cerrando esta ventana cada vez que pase por mi lado para que no pueda verla. Porque bien sabe ella, que lo nuestro es eso de proyectar la imagen de duras que oculta todo este romanticismo y sensiblería que nos quema por dentro, para mostrarlo solo a personas que sepan otorgarle a nuestros fallos belleza.

Y es que quizá sea mi defecto virtuoso, seguir sin palabras cuando vuelva a verla.

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