lunes, 16 de septiembre de 2013

Mentiría si dijera que nunca te he odiado. Pero nunca te dije te quiero el tiempo suficiente.

Siempre fuiste mi héroe y cada día estoy más segura de que lo seguirás siendo. El único hombre por el que perdí el sueño.-Y quiero seguir perdiéndolo-. Me has enseñado más de lo que jamás hubieras imaginado y de todos mis errores, solo me arrepiento a día de hoy de no haberte aprovechado. 

Tuve el cielo entre las manos y no supe verlo. Ahora se ha esfumado, arrastrándote consigo. Llevándose parte de mí contigo. Haciéndome sangrar dolor por dentro mientras sonrío pensando en tu sonrisa. Mientras me hundo sintiendo que he fallado, y mi mayor aspiración en la vida es que te sientas orgulloso de mí.

Daría cada uno de mis días sobre este absurdo y punzante caos llamado mundo, por pasar un minuto al lado tuyo. Entre tus brazos como hace años. Pero me conformo con llorarte, llorarte desde lo más hondo de mis adentros. Siendo de los pocos momentos en los que me siento lacerantemente viva. Ahogándome en este aplastante transcurrir del tiempo que no hace nada más que restar segundos para nuestro encuentro.

Siempre fui lo suficientemente cobarde como para seguir aquí abajo, con todo adelante y sin mirar atrás; porque bien sé que mirar atrás duele hasta un límite inimaginable; duele de manera asfixiante, pudriendo la fuerza que fingimos sentir aún después de todo.

Y nunca olvidaré ese amanecer; odio los amaneceres desde entonces. En Barcelona, con el Sol quemándome por dentro, quemando la poca inocencia que le quedaba a mis recuerdos. Maldito Sol por mantenerte tan lejos. Maldito tiempo por haber pasado tan rápido a tu lado y ahora lapidantemente lento. Maldito desorden que son mis sentimientos desde que no te veo.

Ojalá pudiera escaparme un momentito y repetir ese abrazo. Pero con la condición de no soltarte. No soltarte hasta que tú me hayas soltado. Ojalá me hubiera quedado. Ojalá te hubiera abrazado hasta que tus ojos se despidiesen, hasta que tu sonrisa desgarradoramente viva se quedara pegada a mi retina. Y no pudiera ver más allá de ti. Solo a ti. Como no he sabido verte todos estos años, y como ahora moriría por haberlo hecho.

Pero sigue pasando injustamente el tiempo. Regalándome una consecución de devastadores amaneceres que llegan sin noches a tu lado contando estrellas como antaño. "Nunca tenemos lo que queremos". Pero yo te tuve sin darme cuenta de que eráis todo lo que siempre he deseado.  

Por un momento todos los recuerdos se estrellan contra las paredes de este búnker hecho de escudos al que llamo "casa". Y el oxígeno se tambalea aquí dentro. Y respiro en un acto mecánico, cuando mi cabeza está ahogada a millones de minutos lejos de aquí. En la piscina en la que me sumergía con la flotante confianza de que tú estarías al salir para "salvarme". Tan solo salvarme de mí. Porque tú siempre me has cuidado. Y ahora soy yo quien te cuida. Quien custodia nuestros secretos como oro en paño. Quien tiene estampados tus ojos en la cara. Quien ha enmarcado todos esos momentos a tu lado. Quien hipotecaría su vida por devolverte la tuya sin costes ni gastos. 

"En otro momento, la realidad no se dejará engañar, y entonces sabrás que nadie te sintió como yo. Pero ya estaré muerto aunque muy a lo lejos resuene el eco de todos los momentos en que escondido en tus brazos me sentí eterno, como si nunca fuera a morir lejos de ti". Chirría la canción que me ha arrastrado hasta tu recuerdo. Y me siento ofensivamente identificada, patéticamente inerte sin tus bromas malas. Y yo que pensaba que sería fácil olvidarte cuando la rabia apretaba, cuando sentí que me fallabas, cuando como una idiota ilusa pretendí cortarte las alas. Sin dejarte elegirme a mí

Pero no diré que lo siento. Porque lo único que lamento es haber vendido las entrañas de nuestros recuerdos por un poco de satisfactorio orgullo perdedor. Ahora recojo los pedazos de ese cetro enredado que son mis pensamientos bailando para ti y me arropo con ellos, con la crédula esperanza de que es a ti a quién veré cuando abra los ojos a mi lado. 

Siempre tuya, como no lo fui nunca;
Y porque te quiero, papá.