sábado, 22 de marzo de 2014

"Que les jodan a tus "siempre" cómete mis "nunca""

Vaya... puto... momento. Sí, ese momento en el que en tu cabeza solo se repite una y otra vez "ese hijo de puta acaba de romperme el corazón de todas las maneras habidas y por haber", como si fuera un jodido eco. 

Y con qué brutalidad te inundan los sentimientos, ¿eh? Hace días creías que tu corazón estaba ahí dentro de decoración, que estaba totalmente superado, y ahora... Ahora sientes como de verdad se está muriendo. 

Jo-der. Estás como en shock y sientes las lágrimas picando al otro lado, pero hasta ellas, viendo como están bullendo las cosas en tus adentros, tienen miedo de salir. Y no te extraña, porque como le tuvieras cerca... Se ha librado por los pelos. 

Y ahora mismo no sabes ni qué pensar, ni qué decir, ni qué hacer. Simplemente sientes como por tus venas corre la rabia, el vértigo de la desolación cegándolo todo. Y notas que el mundo se pierde bajo tus pies, quedando el corazón sepultado, difuminado y resacoso tras el frenético golpeteo del dolor sobre tu inestable cerebro, tatuando en él:

No quiero que vuelvan a dedicarme canciones. No quiero que hayan más hombres. 

lunes, 17 de marzo de 2014

Qué jodido, corazón

Y qué jodido cuando te quedas así, como a medio romper. Porque ojalá pudiera romperme del todo, ¿sabes? Para así reconstruirme empezando de cero.

Qué jodido, ¿eh? Cuando te cansas de estar luchando sin descanso. Y lo peor es que es contigo misma. Qué jodido y doloroso, corazón.

Y es que aún no entiendo qué narices debe pasar en mi cabeza para llevarme a hacer ciertas cosas. Y es que ya lo ves, cariño, que en mí pocas cosas tienen su sentido. Me noto bordeando tantas veces el límite que... que ojalá no pretendas entenderlo. Ojalá no quieras buscar más, para que así no te encuentres con el horror de mis heridas.

A estas alturas deberías saber que soy toda en mí un absurdo despropósito. Deberías ser más que consciente de que, aunque parezca mantener el equilibrio, soy jodidamente tendente al desastre.

Pero yo ya no pido que lo comprendas. Ni siquiera que lo intentes. Yo, a estas alturas, solo busco alguien que me quiera.

Aunque luego, como yo, no sepa cómo hacerlo.

Miedo

Mentiría si dijera que ya no quedan costumbres que, minuto a minuto, tientan. Y que jamás llegara el momento en que desees perder de vista a quien antes era indispensable en tu vida. Te engañaría si dijera que cada realidad del pasado a día de hoy está superada. Y que, al menos una vez al día, no me escaparía a aquel lugar donde cada paso posee la fragilidad de aquel que está a punto de estallar. Lo haría tanto…

Pero a cada día que pasa siento como me voy endureciendo un pedacito más, y cada vez me siento danzar más al borde de la locura. Ignorando a los demonios que me atormentan y burlando las palabras de aquellos a quienes antes quería. Estoy perdiendo la cabeza. Y es que una baila tantas veces al día al filo de la tristeza que… Que volvería a caer en aquella espiral de porquería.

Una está tan acostumbrada a caer y, después de un par gritos, levantarse, que ya se tira por pura inercia si no tropieza un día. Y cuántas veces vuelve a la cabeza esa puta melancolía. Y cuántas veces la cambiaría por aquellas insalubres manías. La distractora tentación del dolor cuando se va rompiendo la corteza. Y el insensible embobamiento del momento cuando ves la sangre descarrilarse como un puto tranvía.

Siento miedo tantas veces al día. Miedo de mí misma. Y en esos momentos volvería. Caería en picado en la seguridad de ciertos brazos y desaparecería por un tiempo ilimitado. Me tiraría al suelo en cualquier baño hasta que se me fuera la cabeza y ya solo quedaran las lágrimas estrellándose contra mis manos. Hasta sentir ese dolor de garganta tan familiar y mi mente volara lejos de este inservible cuerpo exhausto.

Pero aquí sigo día a día, enfrentándome a estos enfermizos fantasmas y fingiendo que estoy luchando. Como si hallara más motivo que mis constantes vitales en orden, para hacerlo. Como si pudiera llegar el día, y quizá más pronto que tarde, en que gritara a los cuatro vientos que toda esa mierda la he superado. O como quien se agarra al viento y, al abrir las manos, espera ver algo.

¡Ya no queda humo!